Taller de lectura filosófica: La empresa de vivir (TLFEV)

Un taller para abordar la lectura de La empresa de vivir. Quiero ir por partes. Yo soy Mariano Iriart, promotor y coordinador por ahora de este espacio de taller. Coordino, significa que acompaño en la “ejecución de la obra”. Un taller es un lugar de trabajo y producción; suele haber paneles con las herramientas de su especialidad. Aquello que aquí intentamos e invitamos a producir le llamamos “lectura filosófica”, una modalidad de leer, actividad que es (bien puede llegar a ser) arte, creación.

Es filosófica en su medio: La empresa de vivir es un ensayo filosófico sobre el modelo actual de poder en Argentina. Tomás Abraham, su autor, es él mismo un filósofo, argentino, que está vivo y no es poco, y que además ‘piensa filosóficamente’ a la Argentina. Y su finalidad es filosófica también: transformar lo que nos piensa, activar el pensamiento: Devenir la universidad pública en una máquina de guerra.

Universidad pública y pensamiento activo

De eso se trata. Por un lado, la afirmación del pensamiento: el pensamiento no es cualquier cosa, algo que viniera como del aire y pasara como el aire; no es la natural actividad de una facultad. Una fuerza debe obligarlo a pensar y el pensamiento actúa, hace algo; y lo que hace funciona como una réplica de la realidad: (PMA. “¿de qué manera pensar esto que pasa?”) En estado natural es pasivo, diríamos que en vez de ejercerse, el pensamiento se deja pensar. Activar el pensamiento: otras imágenes, otros puntos de vista, otros objetivos. (Eso es la filosofía: ¿hasta dónde es posible pensar distinto de lo que se piensa? ¿Qué hace falta para pensar de otro modo? Hay momentos en que recorrer el límite de lo que pensamos es necesario para poder seguir pensando) Pero ‘pensar’ es un transitivo:

Del otro lado: la universidad pública. La universidad no es una institución cualquiera: Produce saber. Y es pública: es decir, abierta y de cada uno (más lindo que su sinónimo ‘todos’). Diríamos que la universidad pública es un espacio de producción de saber, pero que está ahí no ofreciéndose, sino como un hueco: la posibilidad de un espacio de…: está ahí, pero al modo de “hacerse cargo”. Pero hoy es un hueco porque no lo ocupa nada: no en espacio donde como en la antigua polis bien nos vemos las caras, sino en tarea, nada la ocupa, se vació. No produce poco, ni siquiera reproduce: se desdice, se contradice, lo peor para cualquier intento de saber, porque es su anulación más torpe. Se vació y es cáscara vacía, no por el FMI, la ley de reforma, o el bajo presupuesto, o no sólo por eso: sino también y fundamentalmente, porque los que la hacen a diario y, en definitiva, son “la universidad”, docentes, no docentes, empleados, alumnos, son torpes y mezquinos.

La idea es que pensar debe activarse: el tema, el objetivo, la tarea del taller tiene que ver de lleno con esta universidad pública que pisoteamos: devenir la universidad pública una máquina de guerra. Un objetivo y (¡tengo argumentos!) también un deber, una responsabilidad.

Una máquina de guerra: plantear batallas nuevas, guerras insospechadas y tanto más necesarias, luchas nunca vistas, imprevisibles: ¡guerra a la estupidez!, ¡lucha contra la irresolución local!, ¡¡vamos a destruir nuestra imagen (de alumnos universitarios)!! la que portamos de nosotros mismos, ¡¡¡¡enfrentados al facilismo argentino y a la viveza criolla!!!! Nada de eso ya divierte, ni es gracioso.

Ya hace unos años, en el 2004, con un compañero presentamos un “taller de filosofía” le llamamos entonces, (¡todavía más pretencioso!) en el que leímos Vigilar y Castigar también los sábados a la tarde, cada 15 días. A lo que nos proponíamos, y les propongo, le puse un nombre. Se trata de un fenómeno que encuentro muy interesante, al que llamo “recurricularidad”, nombre de descendencia deleuziana evidentemente: se parece a su concepto de reterritorialidad (que está en relaciones con el de desterritorialización); pero ésta recurricularidad de la que les hablo tiene un valor positivo. Es una relación que se puede dar entre lo “curricular” y lo “extracurricular”, y es una relación que los pedagogos ni siquiera se han planteado (por lo que vi; y recuerdo: ése año me mandé todas las pedagógicas juntas, estaba un poco condicionado quizá a pensar esas cosas). Me parece que lo “extracurricular” es más interesante que “lo que se trae de casa o se aprende en la convivencia”. Tal vez por enfocar la relación pedagógica involucrando al niño (no al que llevan dentro, sino a “el niño”), este espacio se ve muy reducido, en tanto favorece o no favorece lo curricular, que en definitiva es la meta. Sin embargo, yo compruebo que el espacio extracurricular de una universidad es muy diverso y que da lugar a infinidad de cosas muy interesantes. Nos sorprendió en aquel momento la variedad de cosas que se podían hacer, teatro, aprender idiomas, bailar el tango, ensayar con la murga…, bueno, ir al taller de filosofía, etc. Todo eso ocurría los sábados a la tarde. Hice entrevistas y todo. En fin, me parece que el espacio “extracurricular” de la universidad puede aportar a una transformación y a elevar el nivel curricular, que es muy bajo realmente y al que le presentaremos imprevista batalla:

¿Por qué es tan bajo el nivel de esta universidad (de humanidades, al menos)? ¿porque los secundarios son una mierda y los chicos no saben nada; porque los profesores son de cuarta y los compañeros de décima (o viceversa)? ¿porque somos pobres y debemos plata? ¿porque no hay aulas ni buenas sillas? Todas esas cosas son excusas; nos justifican para no intentar cambiar nada, para continuar despreciando lo que lleva tiempo y es difícil, lo que se hace de a poco y requiere un férreo compromiso y duro trabajo. Organizo (o nos organizamos en) este taller para eso: para desarrollar nuestras aptitudes al leer, al escuchar, al hablar y discutir, y aprender algunas cosas y escribir si podemos; pero también para que se multiplique, y para desarrollar formas de encuentros impensados y que podrían enriquecernos; establecer otras alianzas, mejores defensas, eventualmente, si la educación pública fuera atacada.

Pero no hacemos eso. Creo que estamos conviviendo con imágenes muy distorsionadas de la realidad en la que intervenimos. Pensamos, por ejemplo, que “luchamos por nuestros derechos”, que se nos deben garantizar ciertas condiciones que imponemos y merecemos, porque nuestro esfuerzo (el de “quemarnos las pestañas”) lo valen. De eso resulta una mierda: lo sabemos todos, ni nos esforcemos en disimularlo.

Encarar otras guerras. Creo que este pensamiento: “tenemos un derecho, es legítimo (incluso urgente) reclamarlo” funciona, actúa en la realidad. Y me parece, sin embargo, que tenemos que dejar de pensar así, relativizarlo e invertirlo. Pues de hecho el reclamo, dadas las circunstancias, deviene ilegítimo. Y es ilegítimo fundamentalmente porque la universidad pública, la instrucción universitaria gratuita y pública, dejó de ser un derecho hace mucho, no digo sólo a nivel local o regional: Mar del Plata se destacó como una de las ciudades de más alto índice de desocupación del país; ni siquiera nacional, en condiciones semejantes; a nivel mundial es un lujo que a cualquier hijo de nadie que se le ocurra ser abogado, o profesor o ingeniero sin ninguna otra virtud que la paciencia, llegue a serlo. Lejos de ser un derecho que nos sea legítimo reclamar, pasó a convertirse en un privilegio; y como tal, es la base de una injusticia, que deberíamos reparar. Privilegiados somos, los que asistimos a esta universidad gratuitamente, los que nos damos la oportunidad de hacernos dueños (ojalá) de nuestro propio destino…

Un cartel en la Facultad de Psicología en pleno año 2010 que reza todo lo contrario de lo que en este artículo se expone: "Cursar no es un PRIVILEGIO sino un DERECHO".

No exija de la política que restablezca los “derechos” del individuo tal como los ha definido la filosofía. El individuo es producto del poder. Es necesario “desindividualizar” por medio de la multiplicación y el desplazamiento, el agenciamiento de diferentes combinaciones. El grupo no debe ser el lazo orgánico que une los individuos jerarquizados, sino un generador constante de “desindividualización”. - Michel Foucault

-Es lo que hay y es demasiado (además, ya que leeremos a Abraham, Tomás Abraham fue profesor de esta facultad, dio un seminario sobre Michel Foucault. ¿Saben lo que pasó? No me creerían. Éramos seis: cuatro de bibliotecología y dos de filosofía. Yo fui el único que rendí examen final de ese seminario. No era apatía. Algunos tenían miedo: coincidía la presencia de Tomás con el retiro jubilatorio de un profesor; pronto se difundieron suspicaces y ridículos trascendidos de que T.A. iba a hacerse cargo de la materia contemporánea, y un grupo de estudiantes se organizó en Asamblea, se autodenominó Asamblea de Estudiantes de Filosofía (todos los estudiantes) y presentó notas, elevó cartas, armó documentos, filmó reuniones del consejo académico, en nombre de nuestro derecho a la mejor formación: ¡se nos pretendía quitar una eminencia y hacer entrar por la puerta chica a un opinador mediático! Doy fe de que pasó así.

“Es un deber del justo luchar contra cualquier privilegio”; nos va como nos va, así como estamos: prendidos a los privilegios, fingiendo derechos, históricas reivindicaciones, merecimientos y reconocimientos. La universidad pública, en particular para los que la hacen (o deshacen) y forman parte, lejos de ser un derecho, genera una obligación, es la fuente de un deber (el de reparar la injusticia por el privilegio inmerecido), el origen de una responsabilidad. Hay que cumplir con ella: primero definirla, y luego cumplir así de simple, y no porque vamos a ir presos o por temor a las represalias, quizá para liberarse…

A este deber también le pongo nombre, es una posibilidad; ya se los dije: “devenir la universidad pública una máquina de guerra”: una fuerza que reúna las dispersas máquinas de amar, máquinas de crear, máquinas de pensar, máquinas de vivir capaces de enfrentarse todavía a los “aparatos de captura”: la “máquina de guerra” contra los “aparatos de captura”; “máquinas” y “aparatos”. (Son conceptos deleuzianos). Leo un parte de batalla, así comprendemos con un ejemplo de lo que estamos hablando: “En la UBA, 2002, entre abril y junio. Christian Ferrer y otros formaron una comisión para ver qué se podía hacer desde la Universidad (Pública) por la situación social de los argentinos: ¿qué se podía hacer respecto al hambre en Argentina? Una dieta que fuera a la vez nutritiva y barata. Consultaron en la facultad de nutrición acerca de qué alimentos y qué combinaciones poseen esas características, capaces de satisfacer de modo adecuado ineludibles exigencias orgánicas: pues allí no tenían ni idea. En realidad, (digo yo) porque estaban capturados por otros problemas. Todo lo que se conocía y se preguntaba, en ese ámbito, tenía otros objetivos: planes para mejorar la calidad de vida y adelgazar, más o menos… ¿Sabían ustedes que, por ejemplo, con un plato de garbanzos y un huevo duro una persona tiene de lo que necesita como para tirar todo un día?”

Nuevos conocimientos, que requieren un cambio en la actitud y también de la mirada. Retomo esa guerra íntima que les propongo de dejar de verse como legítimos defensores de un derecho para considerarse como sujetos responsables de una injusticia. Pero atención: no tiene nada que ver con hallarnos todos culpables (culpables cada uno), ni de iniciar una nueva modalidad de cacería en contra de nadie. Tampoco es la transformación del sistema de distribución de responsabilidades lo que me interesa directamente. Más bien intento apuntar a lo que hace a la FORMA DE PENSAMIENTO, a la manera de pensar, que a la vez son los modos en que el pensamiento actúa en la realidad. Me parece que esto que al principio parece no más una idea, tiene consecuencias en la práctica, referidas a cómo pensar esto que la inercia nos hizo parecer tan distinto, cómo tomar esto que se presenta en la forma vieja, a qué atribuirlo si ya no se puede seguir creyendo que legítimamente luchan (luchamos) por ‘nuestros’ derechos. “A veces, dice Foucault, pensar distinto de como se piensa y mirar distinto de cómo se ve es indispensable para poder seguir pensando”. En realidad, mucho antes que la culpa de todos, lo importante es el coraje de cada uno para asumir lo que debe, hacerse libremente responsable (ya se los dije) para alcanzar la máquina de guerra.

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22 comentarios to “Taller de lectura filosófica: La empresa de vivir (TLFEV)”

  1. ¿Creemos que esto va a cambiar la realidad, que va a incidir radicalmente? No; esto sale del “voluntariado” y son necesarias varias inversiones, en todos los sentidos de conversiones y de recursos. Es más bien una manifestación de descontento, pero dulce. Pero también sí, en cuanto (y en tanto) intervenimos, preguntamos “¿qué hace falta y que ya no hace falta para poder ejercer el pensamiento en la realidad y decidir en parte lo que somos en las condiciones actuales?” Un trabajo, a partir de una manera de entender la filosofía y que problematiza nuestro ser argentinos. Por eso leemos La empresa de vivir. No se trata de “hacer crítica”, sino de aprender productivamente.

  2. Creo que lo que más me interesó al leer la propuesta del taller, fue esto de: ” La universidad pública, en particular para los que la hacen (o deshacen) y forman parte, lejos de ser un derecho, genera una obligación, es la fuente de un deber (el de reparar la injusticia por el privilegio inmerecido), el origen de una responsabilidad.”. Siempre me sentí privilegiada por haber podido acceder a la Universidad en forma gratuita, y yo ( más allá de la calidad institucional y académica) aprendí bastante, pensé y me interesé; y sigo interesada, queriendo aprender más, trabajando, pensando y agradeciendo la oportunidad dada ( aunque no formo parte actualmente de la estructura universitaria). Sé que es mi deber reparar y así trato de encarar la vida profesional.

  3. Cuando Mariano planteó por primera vez que la universidad pública no era un derecho me asusté y me resentí, esa sensación fue producto de una experiencia, social y política, por la cual yo había defendido eso que creía un derecho, siendo consciente de que quizá en el futuro no podría gozar más del mismo. De cualquier forma, muchos quedamos afuera, de diversas formas, no solo de la Universidad y no justamente por estar en una posición crítica, ni siquiera por una elección. Al calor de un estado actual de las cosas, entendí qué significaba “estar adentro”, de qué se trata esta responsabilidad respecto de ese privilegio que defendimos y que se presenta como injusto.

    Ile

  4. A mí me gusta: ““devenir la universidad pública una máquina de guerra”: una fuerza que reúna las dispersas máquinas de amar, máquinas de crear, máquinas de pensar, máquinas de vivir capaces de enfrentarse todavía a los “aparatos de captura””. Y “Nuevos conocimientos, que requieren un cambio en la actitud y también de la mirada”. Deleuze, Foucault, respectivamente.
    También hay algo que me interesa, como objeto de estudio, realizar su “genealogía”. Me refiero a la autonombrada Asamblea de Filosofía: encuentro en ella una serie de claves que permitirían actuar, en inicio, inactualmente, contra el presente, en el presente y a favor (así lo espero) de un tiempo futuro. Nietzsche. Y además soy un testigo privilegiado por encontrarme en los vericuetos de su integración y también dispongo de medios de acceso al material; de modo que para aprender a hacer, mejor tratar con algo que estén sus elementos más o menos al alcance. mmmm, no sé, si no la genealogía, al menos construir mi testimonio. Esto que cuento acá de su nacimiento [ver párrafo debajo de imagen], me parece un momento fundamental en la historia política de la universidad pública. Bueno, ubiquémonos un poco, estamos en el año 2000, fin del vaciamiento (Acerca de la incapacidad de pensar, v. “La crisis de los intelectuales”), de pocas iniciativas, y el persistente aburrimiento. Surge esto, preparado incoordinado, cuya novedad es la confiscación de la política estudiantil. Porque éstos (yo lo veo así) asumieron, como asunto de su interés, aspectos exclusivos del gremio docente, como cuánto cobra un profesor, quiénes deben confeccionar la planta, integrar la planta y bajo qué modalidad, etc. Es decir, el día que estos plantaron su discurso ante el consejo superior de la universidad, en defensa de los derechos del benemérito doctor de ética, don RMF, con exigencias, además, de cuánto debe ganar por el contrato, dado que estaba ya jubilado del ejercicio profesional, creo que ahí nos encontramos con algo que da qué pensar. Y que dió y da qué hacer para los que se afilian a eso (p.e., lo que pasó en la UBA con la asunción del rector o en el Colegio Nacional de BA pienso, aunque ellos no tengan ni idea, ni lo creyeran, tiene su gestación en Mar del Plata y con la emergencia de AEF). Y que de ese modo se hace imposible elaborar una política estudiantil a partir de los propios intereses (¿cuáles son? estudiar, tener los mejores profesores, lugar para integrarse y realizarse). Y sobre todo en el aspecto de formación de futuros “dirigentes”. No es que yo quiera formar dirigentes o ser yo mismo dirigente, sino qué me interrogo ¿cómo serán los nuevos dirigentes? y trato de analizar su formación. Diré que este es el producto autóctono de la “educación menemista” (para referir con un eufemismo la salvaje barbarización), pues se dieron forma, se cocinaron en ese caldo. (“sujeto”)(al mismo tiempo que se especulaba con la privatización de la educación de nivel superior, se inició la metamorfosis de estas ranas presumidas. hasta que el renacuajo entonó su melancolía monótona) Bueno, yo fui testigo y hasta un poco protagonista de todo el proceso en el que se conformó tramo a tramo. Por lo pronto, dato importante: pudenda origo, ‘la asamblea de estudiantes’ se dió nombre e identidad (ficiticia, desde ya, eran “todos”) para defender a un contratado, es decir por un DEDO, y (eso duele) en contra de una maestría en filosofía contemporánea, semipresencial, programa piloto en la universidad argentina de la época.

  5. hoy estuve en la facultad, sesionaba el consejo académico para designar decano y vice. Por empezar esos me parece deberían ser cargos públicos, que los elija la ciudadanía, no sus magros representates electos en claustros. Que exhiban sus capacidades, para qué están, qué gestiones asumen llevar a cabo, etc. En fin, es una ducha (la que a algunos le hacía falta… está bien que hacía calor en esa sala, y el cuerpo suda), no pasó nada porque no hubo quorum, el 18 lo intentan de nuevo, la 3ra. se hace con los presentes, aunque -las palabras como suelas- dicen que no se va a permitir el desarrollo de la sesión. Me encontré con un chico, Diego, que conozco hace bastante de ahí de filosofía del 97, ó 98, en la época que eramos todos amigos. Había colgado, ahora está inscripto en sociología, arranca este año, no venía desde entonces, estaba ahí también, haciendo número sin saber con quién, tal como se insta a ser. En eso no hay tanta responsabilidad. Yo me hice un test, proyecto esta cuestión: ¿hasta adónde está dispuesto a justificar? creo que es proporcional a la medida que ansía creer en la posición que tiene, en la bondad o la insignificancia incluso, de su lugar y entorno. Es interesante porque no se trata de cosas que se ignoran del todo, aunque su realidad se evapore en una acción adversativa (“Sí, pero…”). Cuando obtengo resultados, rara vez satisfacen mis parámetros de normalidad, quiero decir, en definitiva, que la gente me alarma.

  6. Hola gente: recibí el mail de Mariano y en parte en respuesta a su apelación, pero también por una necesidad propia, decidí comunicarme con ustedes para ir estableciendo algunos contactos antes del inicio de esta segunda etapa del taller.

    A modo de balance del año anterior, me parece importante rescatar algunas cosas de lo que hicimos, que de alguna forma son introductorias para este segundo año. La primera tiene que ver con un dilema que enmarca y justifica que la lectura de La empresa de vivir se haga en la universidad y en el formato que adoptó el taller de lectura. Me parece que en la Argentina, desde la fundación de la UBA en 1821, no se ha dejado de cuestionar el papel desepeñado por la universidad- o sobre la ausencia del mismo- en la sociedad y en las estructuras políticas. En cada época la universidad ha sido algo diferente y a cada generación le ha correspondido una experiencia diversa que da que pensar en la pretensión de universalidad de sus formas. Me parece que integrar la lectura del libro de Tomás Abraham, La empresa de vivir (objetivo central del taller), con este debate, no es una tarea exígua, sino necesaria e importante. No es una preocupación banal para quienes integran a la comunidad universitaria. En ese sentido, el taller es estratégico. No se trata de perseguir el éxito, ni aspiraciones de triunfar sobre otros, a lo sumo, quizá cada cual persigue un trabajo sobre sí y, grupalmente, generar algún tipo de molestia.Todo eso es bastante. Se le agrega algo que considero valíoso, como es proponernos hacer algo bien. Leer un libro complejo en profundidad. Tomar apuntes, hacer notas, producir, asistir sin ser obligados por la falta, hablar si somos tímidos, callar si no soportamos el silencio. Aprender a leer por fuera de lo instituído, comunicarnos, ayudarnos a ver perspectivas impensadas, buscar nuevas maneras de pensar un problema, encontrar un detalle cual un detective y proponernos y cumplir objetivos, etc.Algo de esto hicimos. Pensar por nosotros mismos, y en relación a otros, asumo que es un ejercicio difícil, pero es un ejercicio que no es acorde con el adiestramiento de las reglas institucionales en crisis permanente, crisis que nos entretienen en pensar como administrar esa agonía que nunca llega a su fin, en la defensa de los privilegios que funda, y no en reflexionar acerca de la posibilidad de alternativas a esas realidades conocidas.

    Estas cuestiones tienen que ver con las peripecias frente poder asistir al taller, con el objetivo de poder conformar de forma más o menos estable un grupo, un compromiso, y que tiene que ver con lo que incluye y excluye la universidad misma.

    Al respecto, el año pasado discutimos acerca de la relación de la universidad con el afuera, asumiendo que la supuesta interioridad no era tal, en la medida que no somos ajenos, en tanto esas problemáticas que se asume que están fuera atraviesan a la institución, y teniendo en cuenta que incluso dentro de ella se reproducen ciertas lógicas de exclusión, en consecuencia, considerábamos a la universidad como una institución ambigua y conflictiva, y en efecto también como un campo de resistencias. En relación a esto, se debatió el año pasado acerca del rol de los intelectuales y del pensamiento. Algunos cuestionaron su descompromiso político y social. Otros defendían la autonomía del pensamiento, denunciaban la indignidad de hablar por los otros, de ofrecerles las soluciones a sus problemas, y defendían formas de pensar que organicen nuevas formas de hacer, alternativas a las racionalidades hegemónicas. Esto entronca directamente con el libro. Para Tomás Abraham, es la racionalidad económica la que define una nueva tecnología del poder. Esto nos atraviesa a todos y a la universidad misma, hasta pone en entredicho su mismísima posibilidad de seguir existiendo o problematiza las condiciones y costos a los que debe su continuidad. La racionalidad económica define criterios de exclusión e inclusión, universidad como espacio de contención de la marginalidad en crecimiento, universidad como privilegio, universidad de élite, universidad de trabajadores, universidad de profesionales versus técnicos terciarios, universidad como empresa, universidad como espacio de producción de saber, campo de luchas del poder-verdad,etc. El desafío es cómo pensar de otra manera el problema, en la medida de considerar que la universidad no es un universal, en consecuencia, preguntarnos qué es la universidad para nosotros, en qué ha devenido, qué ha cambiado, proponerse un universo de interrogantes que se nos plantean, enmarcados en un mundo totalmente diferente al que generaciones anteriores habrían imaginado. Acerca de este tema también reflexionamos el año pasado en base a un artículo que Mariano escribió y que también está en el blog, sobre el cual incluso es posible reeditar el debate. Digo todo esto, porque el taller sucede en la universidad, pero está dentro y fuera de la institución. A esto mismo se debe que nos cuestionaramos por la ausencia de interés, el poco poder de convocatoria, las dificultades para leer cuando hay que trabajar o estudiar para finales, o para sostener las voluntades de asistir cuando empieza a hacer frío y las noches caían cada vez más temprano, etc. Una de las cosas que molesta es que de expedir un certificado la asistencia sería, no digo especialmente dedicada, pero sí más numerosa. He aquí un criterio de exclusión que nos toca de cerca y nos involucra a todos: la certificación académica, el aval institucional, el recoger puntaje. Esta producción de certificaciones no solo le da trabajo a la burocracia de la universidad, sino que vuelve a sus propios investigadores, docentes y alumnos en verdaderos profesionales de la burocracia. El manejo de estas hablidades es condición de la profesión, es decir, de acceso a las diversas instancias de participación, y legitiman una labor que no es cuestionada por su valor, inteligencia, originalidad, etc. sino por reunir las formas y alcanzar puntajes. Asimismo, hay una exigencia de la certificación como condición del propio asistente, puesto que sino la participación en un seminario, taller o clase no acreditada se volvería un esfuerzo exiguo, sin valor. Gracias a esta dinámica, se extinguieron las voluntades ajenas a las formas institucionalizadas. Por ejemplo, la generación de intelectuales formados en los 60′, es verdad que se educaron en una universidad de nivel, sin embargo, todos ellos fueron excluídos por las dictaduras sucesivas y se formaron y pensaron en grupos no formalizados, motivados por la necesidad de hacerse de la posibilidad de pensar de forma alternativa a las exigencias de la universidad de Onganía, para poner un ejemplo. Los grupos de investigación no tienen un orígen en la universidad, vienen desde fuera de ella, y la han transformado. La universidad institucionalizó estos espacios, sin embargo, yo creo en la importancia de rescatar esa tradición nómada y discontínua, que no responde a los intereses y reglas de una institución, aún desarrollemos la actividad dentro de ella. Pues bien, ante este así y no de otro modo, quiero rescatar al menos el esfuerzo del grupo de personas que asistieron a este taller durante todo el año pasado sin ningún tipo de búsqueda de garantía o certificación institucional de haber hecho esta experiencia, salvo por nuestro testimonio. Por esa razón, el compromiso solo puede construirlo cada uno para sí, con los otros que forman parte del taller y con el valor de las cuestiones que en él se discuten. La acreditación curricular no puede ser el criterio que construya el amor por el conocimiento. Lo extracurricular, es para Mariano, una instancia de descurricularización, concepto inventado por él como un simil del concepto de desterritorialización de Deleuze.

    Otro criterio de exclusión e inclusión, relacionado con el anterior, es el del número. Me interesó particularmente porque la legitimidad de número aparece en varios episodios de la historia de la universidad contemporánea, una vez más, no porque le sea propio sino por ser un criterio de la política contemporánea. El problema que quiero señalar es como esta lógica casi estadística para legitimar una actividad encubre un debate serio acerca de los discursos y las prácticas que no aparecen cuestionadas. Esto es importante en la medida que supone para el sentido común los argumentos por lo cuales se opta por cerrar o abrir las carreras o privatizar las universidades, por ejemplo. Tampoco somos ajenos a la legitimidad de número y nos preguntamos varias veces ¿Por qué somos tan pocos en el Taller? Y en fin, entonces, cuando llegábamos a un número importante y había mate ¡ éramos felices ! Quiero rescatar esa felicidad. Haber llegado hasta acá ese grupo quizá solo nos vuelve una suerte de sujetos motivados por el capricho. A lo que me refiero es que, si fuera por la lógica de número y la certificación, no hubieramos seguido asistiendo, y reconozco que muchas veces debilitó las voluntades de varios. Creo que el número puede decir muchas cosas, no se si muy interesantes ( por ejemplo que no tenemos amigos o contactos )pero seguro que muchas menos de las que podemos decir cuatro o cinco personas sobre este libro. Considerar el valor de cada uno de los miembros, por pocos que sean, y del libro sobre el que estamos trabajando, fue importante para no perder el entuciasmo. De cualquier manera creo que todos los que asistimos tienen como primera tarea invitar a otra persona al taller o, al menos, a consultar el blog y de esta forma, tratar de conformar una red de contactos que amplíe el trabajo no en términos necesariamente de número vs calidad, ni como principio de legitimidad, sino para ampliar las perspectivas, las lecturas y encontrarnos con esos otros que necesitamos para salir de nosotros y elaborar pensamientos. Espero que nos encontremos pronto, el 15 de este mes, Saludos a todos! Ile

  7. Amigo Iriart y demas talleristas:

    No voy a poder concurrir. Este fin de semana viajo por motivos de no placer a la populosa Benito Juarez. Procurare aparecer en la segunda reunion. A modo de participacion virtual les dejo algunos comentarios respecto a los mails y algunas cosas que recuerdo haber leido en el blog:

    - 2do. ciclo: Se me ocurre un ciclo es algo que comienza y termina en un mismo lugar, una misma situacion, o una misma configuracion material. Un “ciclo lectivo” por ejemplo, concluiria con los alumnos de primer grado volviendo a debatirse para escribir “mi mama me mima” luego de haberse aprendido todo el abecedario. En base a mi escasisimo contacto con el taller (el blog, los ultimos mails, algunas charlas de entresemana con Iriart) me atrevo a concluir que el taller no representa un ciclo, sino una progresion, algo que se multiplica y redefine en su transcurso.

    - “Amor por el conocimiento”, “Voluntad de estudiar”: Modesto o no, muy lindo, loable, en realidad casi heroico, pero insuficiente: es facil intuir que hay algo mas. Pudiendose estudiar e incluso amar el conocimiento en la soledad de una pieza llena de humo (o flores), la necesidad de reunirse con otros (sostenida a lo largo de un largo anio, segun lo indican los testimonios) y de aumentar la convocatoria (manifiesta en las multiples* invitaciones) sugiere que hay una busqueda de interaccion, retroalimentacion, y fertilizacion cruzada (de las ideas, por cierto). Asimismo, el hecho de que el foco no este puesto en la morfologia de las plantas superiores sino en un libro que aparentemente** desnuda elementos constitutivos y mecanismos de las estructuras de poder, incita a pensar en algo asi como una necesidad de accion ante la realidad y, principalmente, ante los modos en que se la construye e interpreta.

    * A las convocatorias por mail sumo la cantidad de veces que Iriarche se me acerco con expresiones del tipo “Dale boludo, veni al taller, no seas boludo, boludo”.
    ** Digo “aparentemente” porque en mi lectura de LEV aun no avance mas alla del indice.

    - LEV: El libro se me aparece como una excusa (presumiblemente* adecuada) para satisfacer e integrar las necesidades de accion e interaccion arriba mencionadas: el taller mismo — esto es, el pensamiento, su propagacion y transformacion — como una muestra material de la integracion entre teoria (o acaso pensamiento*) y practica de la que hablan Foucault y Deleuze en la entrevista recientemente publicada en el blog. Respecto a esto ultimo, me siento en la obligacion de aclarar que es demasiado posible que haya entendido todo para el orto.

    * Digo “presumiblemente” porque en mi lectura de LEV aun no avance mas alla del indice.
    ** No se por que me siento mas comodo con “pensamiento y practica” en vez de “teoria y practica”, acaso vicios heredados de las-ciencias-duras y la epistemologia. Intentare pensarlo.

    - Que tiene que ver la universidad con todo esto?: Alcanzo a identificar dos formas basicas en la que el taller se vincula con la universidad. Una de ellas es el vinculo edilicio, el cual podria llegar a ser percibido como el punto fuerte del taller en terminos de curricularidad* pero que considero absolutamente irrelevante a su desarrollo. El otro vinculo, definitivamente interesante de discutir, tiene que ver con la vision de la universidad como unidad y fuente de cambio (“la maquina de guerra”) que, a su vez, necesita ser transformada para funcionar como tal. Iriart incluso redobla la apuesta y plantea una deuda para con la universidad de parte de sus egresados por haber tenido estos el privilegio de acceder a un titulo sin muchos mas meritos que la paciencia. [Inconcluso]

    * Gil dice: “Bueno, si bien no entregan certificados, el taller se dicta en la universidad”

  8. Bienvenido!
    Y si, también necesitamos de los otros para que el pensamiento fluya, y engorde y adelgace, y se enriquezca… Creo que el principal objetivo del taller es, a través de este ejercicio intelectual que propone, la creación de esas ” nuevas armas” que nos permitan intervenir en la realidad – cada uno en el área de la vida en el que está involucrado o pretende estarlo- con solidez.

  9. pero! me olvidé de esto, lo del pensamiento y la práctica o la teoría y la práctica y los vicios (de pensamento). Me parece lindo lo que señalás, releí el texto reemplazando teoría por pensamiento y le queda bien en muchos lados. Yo también toco de oído, pero me parece que la distinción teoría y práctica es una distinción del pensamiento y que éste viene asumir su derecho a repensarla, estableciendo otros vínculos, deshacer ese intento de oposición entre uno y otro, estrechando sus relaciones. Pensamiento y práctica y pensamiento y teoría “Pensamiento y práctica” solamente me da la sensación de que vendrían de lados distintos, el pensamiento que sería anterior o posterior a la práctica, pero está integrado, ya forma parte, y cuando menos lo parece, más se debería esforzar en captar el sentido en qué es parte. Parece que la integración entre pensamiento y teoría está más sobreentendida, pero es fácil imaginar teorías en las que el pensamiento es atrapado y disecado, un fósil de lo que fue un pensamiento y un automatismo de su ejercicio, contra esos riesgos es que es necesario ir más allá en la distinción teoría-práctica.

  10. Grande Guti, lo puse acá porque está dirigido a todos y aunque esté inconcluso tiene lo suyo, espero que no te moleste (y con tu dirección así ya este coso te “reconoce” y no te dice que “esta esperando moderación” – la próxima vez que escribas, si es con este nombre y con tu mail, ya lo manda directamente).
    fue el primer encuentro: estuvimos los de siempre, salvo Carolina (¿dónde estás?… ¡“¿en qué frecuencia estás?”!) y dos más. Bien: charlamos, recordamos, proyectamos y repartimos la tarea expositiva de los próximos encuentros. Es verdad que no es un ciclo lo que hacemos, aunque vamos lentos y somos un poco reiterativos; me gusta lo de redefinirse y multiplicarse, así que seguimos la progresión, el 2do. año (¡es aún una criatura, débil e insegura!). (– Retiro lo de ciclo, gracias por la corrección).
    lo de la vocación de estudiar, a mí me resulta misteriosa, no sé si es buena, puede que sea heroica pero en este país, vivir y sus expresiones parecen requerir algo de heroísmo. Ahora, cuando vos decís que hay algo más, hay una cosa que es cierta y otra que un poco menos. La “fertilización cruzada” está puesta a prueba: entre la vanidad y la utilidad: un beneficio meramente subjetivo o un aporte real, de ensanchamiento de horizonte, de afinamiento de percepciones, de crecimiento personal; en fin, que desde este punto de vista, una pieza de flores que se hacen humo, ni se va del todo y sigue siendo alternativa (si desde el punto de vista de la voluntad de estudiar, el taller aporta menos que mi casa, yo me quedo en casa y buscaré por otro lado). No se trata de juntar gente, pese a las evidencias volcadas en mails o de frente: para eso organizamos una murga u ofrecemos un producto digerido acorde a la moda entregando certificaditos y nos hacemos de un “público” que suma. Rescato la voluntad de estudiar sobre el afán de ser convocantes. De hecho, este libro que con excelente intuición describís, una morfología del poder actual que lleva implícita una acción en la realidad, que es una muestra de la intervención del pensamiento en lo que es solamente efectivo, este libro, por razones que haría falta considerar, no ha provocado debates, ni polémica, ni ha actuado a su nivel… no resulta convocante (why?), ni lo escogimos para que lo sea (aunque nos interesa difundirlo), sino porque le da una dirección a esa voluntad de estudiar, esa vocación de aprender, no para saber más, sino para elaborar otras vías de ejecución. Y todos esos sentidos que hay que “inventar” constituyen el fin para el que el estudio es un medio, querría ser mucho más fino y abundante en esto, lo intentaré en breve, se trata (ni más ni menos) que de una forma artística inscrita en la lectura, la elaboración (progresiva) de una modalidad de leer.
    Bueno, respecto a la posición del taller y el argumento curricular del Gil: ¡tiene razón! o esa es la idea, porque se trata de “vincularse internamente”, es una posición bastante divertida, porque vamos ahí adentro un sábado a la tarde y con eso ya está planteado (para plantearse) el problema que en definitiva es político, de qué es la universidad (o qué es lo que puede). Tiene toda la razón ileana, la universidad no es un universal y cada generación ha tenido su universidad que es la que “supo conseguir”. Cuando nosotros nos interrogamos por la nuestra, tenemos que saber que no es la de siempre, que no es la misma que todas, que es la que entramos y tiene su historia y sus históricos y que no posee más realidad que lo que hacen los que están ahí adentro.

  11. La recurricularidad es todo lo que se puede hacer, y de hecho se hace, dentro de la universidad y sin reconocimiento curricular: clases de teatro, cursos de idioma, clases de tango, encuentros de lectura, etc., todo un conjunto de actividades que en el ‘ejercicio de la profesión’ son la diferencia (una definición un poco bárbara). Bueno, eso lo encontrábamos en el 2003 ó 2004; en el 2007, aunque no hice recorridos exhaustivos no vimos nada de eso, en nuestro horario. Sólo las agrupaciones políticas se reúnen a decidir cómo actuar para imponer sus pretensiones en la curricula y hacen carteles y toman mate y aprenden a funcionar como mafia, aunque su potencia de acción sigue siendo ínfima. Igual es bastante dañina, aunque sea por “llenar el espacio”, que tenemos previsto para otra cosa, el “público” de la universidad. Otra forma de hacer política es lo que queremos aprender, nuevas astucias, pensar otras relaciones, aplicaciones e implicaciones para el poder. La cuestión es por qué dejar que “nuestra universidad” sea lo que es.

  12. Hubo elecciones, me di de candidato, perdimos. Por dos votos, apenas. Dimos un susto al menos. Me presente en una lista como graduado para el departamental de filosofía. Tengo un par de cosas claras al respecto, y después montones de delirios y proyectos imposibles a los que me tomo muy en serio como si desandara un proceso en camino a su realización. Dos cosas claras: como espacio político es media galletita de agua (se ve enorme zapatilla en las manos de otro…), ¡que el hambre no robe el sueño!: el departamento tiene valor como “lugar” académico: hay que cambiar el punto de vista: “¿qué lo favorece?”, es una pregunta y a la vez un criterio de pertinencia: no ha de ocuparse de otro tipo de cosas. Desde el departamental no se resuelve el mundo, pero se puede organizar y gestionar una carrera. Es un lugar administrativo, funciona si no se nota, es decir, si hay una carrera funcionando.
    Segundo, ya les digo, tengo mis delirios, mis proyectos y hasta algunas cuestiones puntuales, concretas, de las que me hago responsable de hacer y sostener hasta su cumplimiento, etc. Pero no se trata jamás de imponer lo mío, de creer tener yo el plan previo e ir tirándolo de a poco a quienes solamente me siguen. Esto segundo que tengo claro es que hay que abrirse, considerar la facultad como el espacio de posibilidades que te habilita a que vos hagas y alcances, no la que se encierra en nichos protegiendo ¿su “quintita” le llaman? (pues en privado se reconocen muchas cosas: las personas saben de sí más de lo que aparentan) ¡su tumba! si de hecho no crece nada. Arrasan con la “universidad pública” y a nadie parece importarle. Es curioso. Algunos están cansados, algunos se han vuelto resentidos, muchos nunca todavía ni siquiera lo han pensado, otros se han vuelto locos, otros se han perdido, hay quienes miran azorados, hay quienes también entienden, en fin, hay de todo, pero estamos como estamos. Es lamentable. Yo estoy entre resentido y azorado, aunque ninguna de las dos cosas ha llegado a ser preponderante. Volvamos: “abrir la facultad”, ya eso es mucho, en primer lugar, armarla. ése como objetivo inicial: que exista, si no la navaja no va abrirla, va a hacerla volar. Que exista y abrirla, a las otros departamentos, a las otras facultades, a las otras universidades, a los colegios, a su comunidad de pertenencia. Una facultad que exista y una facultad abierta no se hace en un paso: no alcanza con decir: “nosotros queremos, nosotros exigimos”, hay que hacerlo, pero para eso antes hay que permitirlo, y ahí hay un tema: porque se ha instalado en la facultad una maquinaria de impedir, un aparato que captura las iniciativas y las selecciona; una maquinaria de conspirar, un aparato inquisitorial que hostiga a los sindicados culpables, un aparato policíaco que vigila y castiga en nombre de la moral y la izquierda. Eso traba ¿necesitamos la sopapa? por supuesto! Pero con respecto a esta gente, por llamarlos de alguna manera (aunque son monos ignorantes y seres embrutecidos, sapos y víboras), respecto a este grupo y en general, respecto a estas pretensiones, es mucho más sencillo: sin necesidad de sofisticadas herramientas, les decís: callate nene, que estamos trabajando! y se acabó. El problema es otro, de circulación: lo que se permite y que pasa, y ante lo que pasa cómo se reacciona, qué se percibe. Para decirlo claro: que haya diez monos furiosos, ocho sapos venenosos y cuatro serpientes de cascabel, es lamentable, triste, existen esos, una vergüenza para todos, pero ¿y el resto? ¿los demás qué hacen? ¿miran? ¿les divierte? ¿hacen que no ven? ¿no les interesa? ¿se prenden también? ¿se protegen para que no les toque? Lo que yo percibo es que se avasallan instituciones públicas, se discrimina a gente de la comunidad, se difama como estrategia de discurso, se abusa de las migajas de poder que explotan para el propio beneficio. Todo esto es serio y requiere nuestra atención, en todo caso es mucho más importante que la doble franja horaria. Al fin y al cabo eso no mejoraría nada: habilitaría transitoriamente algunos cargos y la posibilidad de interrumpir muchas más clases…

  13. con qué alegría he recibido los reenvíos de alguna polémica originada por la toma de la facultad coincidiendo con la mesa de exámenes de diciembre, alegría no más por el debate que por una vez tiene que ver con nuestra situación y ocupándose de dónde estamos, qué hacemos, se interviene como somos, con lo que somos.
    Me han llegado tres mails, les cuento. El primero, una proclama anónima que expresa unos sentimientos que quien lo envía dice parcialmente compartir. Sentimientos que parece peligroso sentir pero que están haciendo presión: “¡qué nos dejen estudiar!”
    El segundo es de alguien que firma “Alejando” y se presenta con todas las credenciales, pero dice que hablará en nombre propio y responde, nos da su “respuesta a esta idiotez de sólo queremos estudiar”.
    Uno podría decir que entre un anónimo y alguien que ni sabe escribir su nombre, es difícil hacerse de algo serio.
    Pero he recibido un tercer mail, una carta de Esteban cuyo mérito es precisamente el de abrir la puerta de una reflexión, yendo directamente a los hechos, en este caso al hecho de que encaje gente en la facultad a las que les parezca una estupidez estudiar. Es alarmante. Y que haya gente que se forma para educar a gente a la que le resulte natural que se pueda ventilar eso sin consecuencias, sin que ni siquiera afecte sus notas y encima reivindique una forma crítica de pensamiento…
    Comparto muchas cosas que expresa este mail, pero discrepo también en algunas. Disiento, en particular, con el uso de las ironías y con lo que me suena a una cortesía exagerada. Me parece que la ocasión exige ser más directo, andarse con menos vuelta. Esas falencias – a mi modo de ver – son a la vez la consecuencia y los efectos de recoger la oposición (“estudiar/ comprometerse”) en el terreno que viene planteada. Para mí, en cambio, el planteo implica trazar el plano, no recoger hasta que no se vea bien en el juego de los intereses.
    Y por supuesto que hay que estar en contra de aquél grupo de gente que hable en nombre de todos, que apele a valores universales, que dé señales que su misión sea mediar para proteger a las víctimas, en este caso a los alumnos de “la corrupción y los mecanismos “mafiosos” que utilizan los docentes que hoy gestionan la facultad de humanidades (y toda la UNMdP) para mantener sus puestos y poder meter a sus amigos, sin importarle ninguno de los estudiantes que se rompen el lomo estudiando y trabajando”. Esteban da a entender que si se lo piden, o eventualmente considera que viene al caso, analizará en detalle, los dos o alguno de los dos mails. En mi tendría un lector, le aseguro. De todos modos, para uno mínimamente entrenado en el trabajo y el funcionamiento de la “mala conciencia” (cfr.: GM, II), es de una malignidad tan obvia, que no resiste el análisis estrictamente, o es el más trillado directamente. Hasta habla de “corrupción”(!) de la corporación docente, e irónicamente, sin ningún sentido, en nombre de los que se rompen el lomo estudiando (!)
    En realidad, esto es así: desde luego no existe esa corporación, y éste que haría bien en aprender de sus errores (“alejando”) lo mismo que aquellos con los que se rodea, se piensa, imagina, delirio impotente, que todo el mundo es miserable como ellos que sólo quieren mantener puestos y meter a los amigos, fines en su caso a los que todo medio es legítimo, porque es la expresión de todos, de la democracia, de la justicia, de la dignidad, es hasta la voz de la víctima redimida. Y así pasan las cosas, el 2008 ameritó un golpe institucional, por el que destituyeron al director del departamento – exigían su renuncia, lo ocuparon y lo pretenden regentear como dueños; el 2009 fue impedir que se tomen exámenes en diciembre (si no se les ocurrió el problema es porque no son los que rinden), etcéteras.
    Hay que quitarles los ejes de la polémica a estos que escupen su resentimiento. La difamación sistemática (por cierto acusar de mafia es cometer un delito), la exacerbación de las miserias, un correveidile de envidias y degradaciones, es obsceno no es política, es pornopolítica.
    Hay que hacer la política. En la “respuesta a esta…” habla de “pensamiento crítico” porque busca darse una prestancia que disfrace la estupidez, pero esta claro que no más llega a decir oponerse a tal por tanto. En cambio, cualquier aficionado a la filosofía que haya rozado la potencia afirmativa de “pensar”, sabe que la crítica es algo serio e importante, que no es oponerse con moralina, sino indagar las condiciones de existencia del sistema de actualidad. Ahí hay que injertar la política (micropolítica). Cfr.: Una introducción a la vida no fascista.
    Hay que generar nuevos espacios en lugar de repartirse lo que hay.
    Hay mucho por hablar, pero hay que empezar a funcionar. Desconectar la máquina de impedir, de conspirar, que está instalada e invade con sus delirios paranoicos. Con un proyecto cuyos fines sean los de “habilitar” más que los de “conducir” y al que se llegue del modo más elaborado, sensible, técnico, profundo, amplio y que muestre siempre que hay mucho por ver, más por hacer, cuanto por experimentar. Generar (facilitar, favorecer) las condiciones para quien en duras circunstancias, contra varias aversiones, pueda aún desarrollar en sí la más que rara vocación de estudiar, encuentre en la universidad algún lugar propicio a sus necesidades, que en general el que llega a la facultad valore la cultura del esfuerzo (La cultura del esfuerzo – Perfil 20/9/08), se enriquezca con otra inteligencias, sea capaz de convenir en algo común y en pos de algo un poquito mejor.
    Adjunto a continuación, los mail a los que me refiero.

    [1] “Reenvío algo que me mandaron, aunque sería bueno saber quién lo firma… Dejando eso de lado, estoy en parte de acuerdo:
    “A partir de los hechos de público conocimiento, una gran parte de los alumnos de la Facultad de Humanidades expone su desacuerdo con los métodos de protesta que utilizan, una fracción minúscula, de los cuatro mil alumnos que concurren diariamente a la Facultad. Es importante recalcar que muchos de nuestros amigos, compañeros de estudio y futuros profesores de la educación pública, se vieron en la imposibilidad de poder rendir sus respectivos finales a razón de que sólo 15 alumnos ocupan el pasillo del tercer piso del establecimiento. Por consiguiente, somos testigos principales de la falta de criterio y desconsideración de estos pocos sujetos.
    “Por lo tanto, dejamos constancia que no nos encontramos representados por el actual Centro de Estudiantes de la Facultad de Humanidades de la UNMDP y, menos aun, por un grupo minúsculo que mediante una asamblea de unos pocos decide por todos. Así mismo, repudiamos categóricamente todo hecho de violencia, solicitamos a nuestros representantes, si lo son, que levanten esta medida de protesta; dado que de proseguir esta medida se verán perjudicados los intereses académicos de todos los alumnos de la Facultad de Humanidades y la apertura del ciclo electivo 2010 y los futuros finales del mes de febrero del 2010.”

    [2] “Hola yo soy Alejandro Silva, uno de los estudiantes que apoya y ha participado por los concursos de geografia y la suspensión de las mesas de finales y que partcipa dentro de sus posibilidades en la asamblea de filosofía, pero escribo ahora de forma personal. Este es un proceso muy complejo, lleno de mentiras e intereses personales, que es dificil de resolver en un mail y sin un debate entre las diferentes opiniones. Pero quiero resaltar un par de cosas con las que no estoy de acuerdo. Primero, “solo queremos estudiar” me parece una de las tantas posturas pasivas que se toman ante las condiciones que nos tocan vivir. De la misma manera que cuando despiden un compañero de trabajo, y se dice “solo quiero trabajar no hacer politica”, se fijan los objetivos y las acciones en lo personal e inmediato sin pensar en todo lo que esas situaciones conllevan. Es una actitud egoísta y poco crítica. Teniendo en cuenta que somos estudiantes de humanidades, me parece terrible que no se analicen los procesos internos de formación universitarria, las formas de gobierno y sus consecuencias sobre nuestra formación y futuro desempeño.
    “Segundo, no puedo creer que se pase por alto la corrupción y los mecanismos “mafiosos” que utilizan los docentes que hoy gestionan la facultad de humanidades (y toda la UNMdP) para mantener sus puestos y poder meter a sus amigos, sin importarle ninguno de los estudiantes que se rompen el lomo estudiando y trabajando. Ya a esta altura me parece infantil pensar que esta democracia garatiza que los gobiernos de orden estatal funcionan correctamente. Si nuestra formación es una mierda, es precisamente porque las decisiones que influyen en lo academico responden a intereses egoístas de estos mismos docentes que estan acomodados hace años y no quieren perder su puesto.
    “Acepto concientemente que las formas de actuar son discutibles y que sería genial poder tomar decisiones entre todos los alumnos a los que conciernen este tipo de problemas, pero no hacer nada no es una opción. Hay factores que solo se toma en cuenta partcipando, por mas que nos pese.
    “Disculpen la extensión y espero que puedan reflexionar sobre ello

    Alejando Silva Moreno Matricula:14887/05 Profesorado en filosofía”

    [3] “La motivación primordial de este mail, aunque no la única, también proviene de los últimos sucesos que se produjeron en la facultad de humanidades. En rigor, debo decir que fueron las diferentes reacciones frente a la protesta por los concursos y sus consecuencias, las que provocaron en mí esta necesidad de manifestar públicamente lo que siento y pienso al respecto. Lo que verdaderamente me hizo reflexionar fueron las repercusiones que tuvo un mail, el cual lamentablemente nadie firma, con el encabezado “Nosotros Queremos Estudiar, y vos….?”. Fundamentalmente aquel mail que responde con el título de “Respuesta a esta idiotez de solo queremos estudiar”. No pretendo analizar en detalle, al menos en esta ocasión, ninguno de los dos mails. Lo que me interesa resaltar es algo que he notado desde que comencé la carrera, haya por el 2005, y que en esta suma de hechos nuevamente se manifiesta peligrosamente con fuerza. Me refiero concretamente a la notoria desestimación que posee, en general, el estudio en aquellas personas “comprometidas” políticamente con nuestra facultad.
    “Imagino que no tomará por sorpresa, absolutamente a nadie, si sostengo que, habitualmente, para los “comprometidos” no está mal visto NO estudiar y SI “participar” políticamente. Y si peco de poco imaginativo, al menos debo decir que me quedó claro que éstos creen que SI estudiar y NO “participar” es una idiotez.
    “Algunos dirán que los “comprometidos”, además de su “decisiva” participación política, estudian. No dudo que esta clase exista (el compañero Alejandro Silva, por ejemplo, pertenece a ellos). Pero acordarán conmigo que también existe la clase de los que sólo son pieza de esa “decisiva” participación. No únicamente su desempeño académico registra tal cosa. Pues podría objetarse que su estudio y formación no pretende institucionalizarse a través de un título. También da cuenta de esto la triste escena de jóvenes, imagino con buenas intenciones, que recorren aulas y pasillos manifestando su incapacidad para hilvanar dos oraciones con sentido, para construir una argumentación coherente, para pronunciar la “S” final de los plurales, etc.
    Pero no, estos últimos no comenten idioteces. Más aún, parecen ser héroes. Por el contrario, lo que estudian pero no “participan” actúan desde la comodidad de su hogar, son poco críticos y sumamente egoístas.
    “Frente a semejante panorama y en primer lugar, debo decir que el tipo de participación de los “comprometidos” podría a no ser la ideal, incluso, podría llegar a pensarse que lejos de ser la ideal, está completamente equivocada. Es raro que alguien que “sólo” estudia, por ser poco crítico, de cuenta de semejante situación. Pero imagino que para los “comprometidos”, por ser obviamente más críticos, no habrá pasado inadvertido. En consecuencia, quizás el que “sólo” estudia ha dejado de “participar” no por comodidad ni egoísmo, sino porque considera justamente que ese tipo de participación es nefasta. Una “participación” que, en general, desestima el estudio, que actúa irracional y unilateralmente desde la ira y la paranoia, y que se miente a sí mismo a través de una falsa legitimación democrática, no es un tipo de participación comprometida. No se compromete con la institución, no se compromete con los estudiantes, y obviamente no se compromete con las diferentes disciplinas de la facultad. Aquellos “comprometidos” deben entender, de una vez por todas, que no participar de ese modo se puede deber a no estar de acuerdo con esa forma de hacer política. Por el contrario, estudiar, crear grupos de estudio, actuar en grupos de investigación, generar espacios de discusión, es una forma comprometerse, es una manera de participar y, le pese a quién le pese, también es parte de hacer política. No se si “no hacer nada no es una opción”. Tampoco creo que estudiar sea la única forma de participar. Pero estoy completamente seguro que estudiar, no es “no hacer nada”. Por ello creo que cualquier forma de participación no debe jamás precarizar, aún más, el ya lamentable funcionamiento de nuestra Facultad. Es cierto que los máximos responsables de garantizar el calendario académico son las autoridades. Mis reclamos fueron y seguirán siendo siempre hacia ellos. Pero todos nosotros somos solidariamente partes del sistema. En consecuencia, que la “participación” política no anule la posibilidad de estudiar, de formarse académicamente, de comprometerse con la disciplina. Nuestros reclamos no pueden ser obstáculo de ello. Es esta la única manera de terminar con los enfrentamientos entre estudiantes y discutir críticamente la mejor forma de solucionar los evidentes problemas de esta Facultad.
    “Espero para todos un feliz 2010.
    “Dispuesto siempre a la discusión positiva y sin prejuicios, los saluda,

    Esteban Guio Aguilar.”

  14. este año estuve dando las charlas que ofrece la facultad a los ingresantes. Los dos días: el martes a la tarde y el jueves a la mañana. Me gusta ocupar mi tiempo para eso. El año pasado también me di a hacerlo. Ahora estuve el martes con el profesor Marcelo Lobosco, dándoles la bienvenida y procurando proveerles una orientación para el lugar en el que ingresan, “del que ya son parte” (por si no dieron cuenta), y como para el jueves no se había anotado nadie en el departamento, “les hice el favor”, y fui a dar la charla de nuevo, esta vez solo.
    Estuvieron buenas, eso me dijeron. Por supuesto, les dije todo lo que sé, no quise decirles que llegaban a un gran lugar, de excelencia, que todas sus aspiraciones iban a encontrar su ruta amplia y bien iluminada, que libremente podrán desplegar sus mejores iniciativas encontrando sin duda el indispensable apoyo para eso. Preferí, en lugar de entusiasmarlos, hacerles un mapa de dónde están, ubicarlos me pareció más útil.
    Cuando llegué, en la puerta había un par de la Asamblea, uno supongo que sería consejero alumno, un par más del centro de estudiantes y unos cuantos para el ingreso. Le pregunto al que creo que es consejero departamental si él iba a hablar y me contesta que el venía a discutir. ¿Sobre? Porque si yo llegaba a decir que “estudiar es un privilegio” él se vería obligado a discutir. Me lamenté de no poder evitar provocar semejante discusión, pues consideraba la cuestión muy importante como para no referirla. Y una chica desde atrás me advierte que los mismos ingresantes probablemente también vayan a reaccionar, en lo cual estuve de acuerdo, salvo que imaginaba que en el sentido opuesto al que ella aludía, pero como ella sólo aludía no creí necesario aclarar, por lo que la charla terminó ahí. Lo que sí quiero aclarar ahora son dos cosas. Primero, yo jamás dije que estudiar es un privilegio. Lo que digo es que estudiar es un trabajo. Segundo, es algo que se me aclara a mí, cuando se hicieron las elecciones, unos días antes, circuló un mail que decía que todo el mundo sabía quién es Mariano Iriart (así no más) y las que serían mis ideas acerca de la educación. Eso decía! Me usaban como argumento. Supongo ahora que lo que sabían de “mis ideas sobre la educación” (la verdad que no he hecho tanto: tengo algunas intuiciones, que elaboro y pruebo) era que consideraba que “estudiar es un privilegio”…
    Hablé del privilegio, por supuesto, y de su correlato de injusticia. Hablé de los derechos y su correlato de obligación. Y ninguno de los que me habían amenazado dijo nada porque evidentemente nada pudieron decir. Hablé de la institución paradójica que es una universidad pública y de la responsabilidad política que asume el que es parte. También manifesté mi escepticismo respecto al futuro de esta institución (que requiere que nos esforcemos más de lo que se nos exige, en un lugar de primitivo y brutal economicismo, donde las personas pretenden los mayores beneficios con los menores estipendios. ¡Considerad que hay algunos, ante la pasividad cómplice de casi todos, que desde adentro reivindican el derecho a que la universidad sea pública, gratuita e irrestricta! Dejan de cursar para escribir carteles que dicen: “Defendamos la Universidad Pública del imperialismo” o “Doble banda horaria para nuestros compañeros” o semejantes. ¿y de dónde obtienen el dinero?). Repartí, en fotocopia que saqué y pagué (obvio, pero lo aclaro porque no es lo que generalmente ocurre con los que se reparte en el aula), “la cultura del esfuerzo”, que es lo que nos queda, que es lo que siempre hubo por otro lado: el medio puede favorecer o dificultar, pero sólo uno puede desenrollar el límite de lo que es capaz. Y tampoco me ahorré la esperanza de que ellos, en una década, puedan dar la bienvenida a un lugar un poco mejor que el que a mí me tocaba darles.
    El sábado, que me tocó estar solo, y no hubo contrapunto, que suele venir bien, armé una escena que tuvo su ejemplariedad, su “valor pedagógico”. La charla es programada para cuatro horas. En la primera estuvimos un par de horas, el jueves me quedé las cuatro, así que hablamos un montón. A mí me interesa saber por qué la gente se anotaría en la carrera de filosofía, qué expectativas traerá, tan particulares además, que hace que alguien cuando termina el secundario, con lo que se supone que es, o en algún momento de su vida, se diga: “voy a arrancar a estudiar filosofía” y en efecto lo haga. Se los pregunté y conversamos sobre lo que me decían, encontré gente bastante bien ubicada lo que favoreció a que se diera una buena charla. A un poco más de la mitad, entraron dos personas de una agrupación, promoviendo lo que llamaban “la lucha estudiantil” contra el imperialismo, en apoyo a los trabajadores de terrabusi, reivindicando el cordobazo e invitando a retomar los ideales setentistas, “ahora que viene el 24 de marzo, continuando la voluntad de los treinta mil compañeros desaparecidos”, etc. Cuando terminaron con sus barbaridades monocromáticas y se estaban yendo, les pedí que esperaran un minuto que quería hacer un comentario acerca de lo que me habían hecho oír y que prefería que también lo escucharan. Y les dije de todo, les podría haber dicho más. “¡Qué vergonzoso! ¿Por qué me ponés en esta situación? ¡me forzás a hacer una escena! ¿Qué tendría que hacer? ¿Callarme la boca y parecer consentir, hacer que escuché un discurso que simplemente no comparto? ¡Están totalmente desubicados! Antes de que entraran a interrumpir estábamos hablando de lo difícil, lenta e insegura que es toda conquista, que si llegamos a filosofía es que en alguna parte nos interesa las conexiones del pensamiento con lo real, quizá intuimos lo que de todos modos es lo primero que ha de aprenderse: que en filosofía es importante ocuparse de sí! ¿Y vienen ustedes a hacerse los buenos? ¡Ponete a estudiar, que sos caro! La universidad es gratis para vos, a los demás les cuenta un montón mantenerla. Les estas robando a los pobres que pagan sus impuestos para que esto funcione. Dejate de justificar, dejate de hacer el bueno, lo que hacés es una mierda vos y todos tus compañeros. Me avergüenza tu ignorancia, qué estudiás? Historia??? Y te interesa la historia contemporánea!!! ¡Y simplificás cincuenta años así! ¡Fíjense en estas personas: es lo que no hay que hacer! No estudian, no les hace falta, si ya saben todo: “es la lucha de los obreros contra los dueños de los medios de producción!” (¡eso dijo!) y ya está, qué más?, “los libros para los burgueses” ¿o no? No traen ninguna inquietud, son fascistas, ¿usan armas? ¿estás armado?, es abominable salvaguardar tus deseos acaparando la voluntad de los muertos.” Los que ingresaban también los incomodaron bastante, muy bien por cierto, muy certeramente. Uno le dijo: me da miedo que vos llegues a ser profesor de un hijo mío y le enseñes esas cosas – lo cual fue totalmente proporcionado.
    “La pedagogía” está en estas dos cosas. Por un lado, me parece que les hacemos un favor a estos dos estudiantes que de casualidad pasaron a hablar. Les tiene que ocurrir quizá que se les muestre que lo que hacen es horrible y que a casi nadie le gusta, aunque generalmente no se les diga nada. De todos modos, es difícil que aprendan algo, por lo menos esos alumnos que estuvieron ahí. El muchacho decía que lo que se le había dado eran prejuicios. Son muy insolentes y engreídos. Se quejó de haber estado esperando media hora afuera, pero jamás se le ocurrió que lo que hacía era interrumpir para llenarnos de basura! (si no lo paro, los tipos se iban lo más campante, con la satisfacción del deber cumplido). Y sostenía que él tenía una interpretación y yo tenía otra. De alguna manera, creía que estaba en paridad a mí. No veía la diferencia entre sus mamarrachos caricaturizados y mis diseños (o esbozos) de diagramas.
    En realidad, si hubieran escuchado nuestra conversación previa (lo mismo les pasó el martes a los prepotentes de la asamblea que quisieron amedrentarme y después no se animaron a abrir la boca), no hubieran hallado el modo ni la ocasión de poder lanzar sus insensateces. Y ésta es la lección que yo extraje hace rato y que vale la pena mostrar: estas personas no pueden sentirse libres para decir cualquier cosa. Tienen que saber que si hablan se les hará reponsables de lo que digan, no pueden avergonzar a toda la especie y tomárselas lo más campante. Tienen que saber que la próxima vez, tal vez, encontrará un mal momento, alguien le puede decir la verdad: “sos horrible, avergonzás a toda la especie con tu conducta, acá rechazamos tu estupidez”. Para justificar que es ésa su existencia, tendrían que esmerarse un poco más, mucho más en realidad, y eso es bueno para todos y empezando por ellos mismos.

  15. Taller La empresa de vivir Responder abril 18, 2010 at 11:15 am

    ¿¿Involuntario error??
    “El fruto de 9 años de lucha sabe a concurso”

    ¡¡¡Entendemos perfectamente el sentido de sabe!!!

    mientras, a mí esos “años de lucha” me saben a falta de seriedad, prepotencia, discriminación, difamación, violencia; me saben a golpes institucionales y ocupación de espacios públicos, a desviación de fines y dinero además, públicos (lo que es un delito, además de moralmente repugnante). Me sabe a delincuencia. Y a fascismo, llano y liso.

    Sent: Thu, Apr 15, 2010 8:53 pm
    Subject: Registro

    Ana – Carolina:
    Les escribo para plantearles que en el jurado del registro encuentro
    un error ya que figura como alumno Eduardo Assalone cuando el mismo ya
    es graduado. Por favor consulten sobre esta situación para evitar
    inconvenientes en el desarrollo del mismo.
    Cordiales saludos.

    EL CONSEJO DEPARTAMENTAL DE FILOSOFÍA LLAMA A REGISTRO DE ANTECEDENTES
    PARA EL SIGUIENTE CARGO:

    - PROFESOR ADJUNTO CON DEDICACIÓN PARCIAL PARA LA ASIGNATURA FILOSOFÍA
    CONTEMPORÁNEA.

    REQUISITOS A CUMPLIMENTAR POR LOS POSTULANTES:

    - SER GRADUADO

    DOCUMENTACIÓN A PRESENTAR:

    - CURRÍCULUM VITAE FIRMADO EN TODAS LAS HOJAS
    - TÍTULO HABILITANTE (ORIGINAL Y COPIA) Ó ANALÍTICO (ORIGINAL Y COPIA)
    - PLAN DE TRABAJO DOCENTE FIRMADO EN TODAS LAS HOJAS

    PLAZOS DE RECEPCIÓN:

    LA DOCUMENTACIÓN SERÁ RECEPCIONADA EN MESA DE ENTRADAS DE LA FACULTAD DE
    HUMANIDADES DESDE EL DÍA 14 DE ABRIL DE 2010 Y HASTA EL DÍA 20 DE ABRIL DE
    2010 INCLUSIVE EN EL HORARIO DE 10:00 A 12:00 HS. Y DE 16:00 A 18:00 HS.,
    EN SOBRE ABIERTO DIRIGIDO AL DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA, ADJUNTANDO EN
    NOTA APARTE Y POR DUPLICADO NOMBRE DEL POSTULANTE Y DEMÁS DATOS PERSONALES
    Y UN RESUMEN DE LA DOCUMENTACIÓN PRESENTADA EN EL SOBRE.

    JURADOS:
    DOCENTES: TITULARES: DR. FEDERICO CARLOS PENELAS
    DR. MANUEL EDUARDO COMESAÑA
    MAG. MARCELO ROBERTO LOBOSCO
    SUPLENTE: DR. DONATO ANTONIO MANNA
    ALUMNOS: 1) Titular: Giorgini, Federico, Mat. 13486/03, DNI 31018910
    2) Suplente: Assalone, Eduardo Francisco, Mat. 12001/01, DNI 27741880

    GRADUADO: 1) Titular: López, Sonia Silvana, DNI 27826944
    2) Suplente: Bedin, Paula, DNI 29728373

    PERÍODO DE IMPUGNACIÓN DE JURADOS:
    EL PERÍODO DE IMPUGNACIÓN DE JURADOS, UNA VEZ CERRADA LA INSCRIPCIÓN, SERÁ
    DURANTE LOS DÍAS 21 Y 26 DE ABRIL DE 2010.
    FECHA DE REALIZACIÓN DEL REGISTRO: ENTRE LOS DÍAS 27 Y 30 DE ABRIL DE
    2010, FECHA Y HORA A CONFIRMAR.
    PERÍODO DE IMPUGNACIÓN: DEL 03 AL 07 DE MAYO DE 2010.

  16. Comparto mi experiencia con la facultad de humanidades (específicamente la carrera de Filosofía).
    Aclaro que nunca terminé una cursada a menos que sumemos entre si las dos que dejé llegada la mitad de las mismas. De todas maneras algunas de las cosas que observé no requieren que haya pasado demasiado tiempo allí y otras observaciones las fundo en mi comparación con la facultad de psicología y los comentarios de otras facultades (por ende acepto que mi visión es parcial). Más que observaciones son dudas, me pregunto ¿cómo los profesores y los estudiantes no se sorprenden de esto, no quieren que cambie esto otro, no se les ocurre proponer aquello?
    Ahí van, desordenadas.

    1.- ¿Por qué los cuatrimestres duran tres meses? ¿Acaso les da pudor poner trimestres porque los hace sentir de vuelta en la secundaria? Se que todas las facultades varían y que tienen distintos calendarios académicos pero esto no lo había visto en ningún otro lado. Alguien me había sugerido que el problema era de carácter edilicio y que no podían poner las fechas de finales y las cursadas juntas. Puede ser, me gustaría saber si es verdad. Otra persona me comentó que esto no fue siempre así y que fue “empeorando” (entendí por esto que se fue acortando la duración) progresivamente. Me gustaría toparme con un cartel de esos estudiantiles que gustan reclamar “lo que nos merecemos” que rece “¡Queremos cuatrimestres de cuatro meses!: Asamblea de Liberación y Revolución Total contra las Injusticias que sufren los Desposeidos ante los Poderosos (autodesignados representantes de la Voz de los Estudiantes)”

    2.- Duración de las clases. Esto no se si será así en todas las materias pero si me pareció raro que los profesores estén cobrando por las 3 horas (teórico o prácticas) que aparecen en los programas y en el plan de estudios pero luego no cumplan con la totalidad de ese tiempo. Vengo de una facultad en donde los teóricos y los prácticos duran 1:30 y si bien tendré reparos en tanto la calidad de ciertos ayudantes no puedo quejarme de la falta de cumplimiento del tiempo estipulado como tampoco de que no se trate el tema que correspondía tratar acorde a un cronograma de clases.

    3.- Cargos de los profesores. Esto es más una duda. Vengo de psicología en donde las cátedras tienen: un titular (máximo cargo), un adjunto, un jefe de trabajos prácticos y los ayudantes en las comisiones. Titular y adjunto dan sendos teóricos y el JTP y los ayudantes en las comisiones. Comprendo que por la pequeña matrícula de filosofía no haya tantos profesores por cátedra. Lo que no comprendo (y probablemente sea más un tema que ignoro antes que un gato encerrado) cómo es posible que haya cátedras con más de un jefe de trabajos prácticos o más de un adjunto.

    4.- ¿Cómo es posible que un mismo profesor esté en varias materias en los cargos más importantes (adjunto o titular)? Uno supondría que hay que dedicar toda una vida para ser aunque sea Adjunto de una materia.

    5.- Por otro lado, la burocracia a veces es necesaria. Por ejemplo es deseable que esté acompañada por los conocimientos, las técnicas y la infraestructura que permitan agilizarla o volverla una experiencia más agradable. La pusilanimidad se caracteriza por la actitud de cargarse al hombro más de lo que la propia inteligencia, formación y funciones en la vida civil permiten y no hacer lo básico de lo que esas funciones suponen (ejemplo “hacer la revolución, terminar con la oligarquía, alcanzar la absoluta transparencia en los concursos y regularización de los cargos” y no poder garantizar el funcionamiento aceitado de una fotocopiadora). He percibido que hay una especie de deber ser del militante de agrupación estudiantil que me resulta curioso. Hay que exhibir una conciencia de explotado y tener bien claro quiénes son los causantes de nuestros padecimientos (desposeídos víctimas vs. poderosos victimarios) y hay que reclamar “lo que es nuestro por derecho”. Y bueno, no mucho más. Y con eso mucha actividad panfletaria, mucho cartel con consignas emancipatorias y citas de exponentes revolucionarios. Y pedir. Pedir todo lo que “es nuestro por derecho”. Denunciar las injusticias a las que nos someten los decanos, los profesores, el Rector y el Bush de turno. Pero luego son incapaces de hacer algo tan “concreto” (ellos que son tan amantes de lo concreto) como por ejemplo manejar una fotocopiadora. Políticamente discrepo con el Centro de Estudiantes de la Facultad de Psicología, pero si hay algo que debo reconocer es que en contadísimas ocasiones sacaron mal una fotocopia y que jamás tardan más de 24 horas en entregar un pedido, sin importar el tamaño del mismo. Todas las fichas están ingresadas en una base de datos con su código de materia correspondiente (por ejemplo las fichas de x materia usan como código los números del 4000 al 4999), año de ingreso de la ficha en la base de datos, autor, nº de copias (y cálculo automático de precio), etc. Un trabajo que sin duda necesitó de cierta inteligencia y preparación previa (por ejemplo conocimiento de software de administración y bases de datos) y un trabajo lento, largo y aburrido pero que había que hacer de ingresar ficha por ficha (no tan excitante como denunciar a los corruptos me imagino). Esos mismos códigos son ingresados por la gente del Centro de estudiantes en los programas de las materias así los alumnos pueden encontrar y pedir rápidamente el material que requieran (y los profesores indicarlos también con esta referencia) y la computadora permite ingresarlos y facturarlos automáticamente. Además de esto en Psicología garantizan que en 24 horas está tu pedido (a pesar de la gran cantidad de los mismos, no es raro tener que esperar media hora (previo sacado de numerito en la puerta) para poder emitir tu pedido, en cualquier día y hora del año). Y esto con prácticamente la misma cantidad de estudiantes a cargo de la fotocopiadora.

    Ya puedo escuchar el coro de excusas y justificaciones. La más grande va a ser la del dinero. Una vez una profesora en psicología dijo que si de EEUU salían más premios nobel es porque tenían el dinero para poder costear la infraestructura que nosotros no podemos permitirnos (nosotros podemos pero la posición sojuzgada en la división internacional del trabajo y la plutocracia del norte no nos lo permiten). Teniendo experiencia en el trato de fascistas resentidos tanto de derecha como de izquierda (siendo esta última la especie que florece en los ámbitos estudiantiles) le pregunté sabiendo adonde quería llegar: “¿Y el dinero de dónde lo sacaron?” De esta pregunta pueden surgir dos respuestas (de este tipo de personas): o tuvieron suerte o la saquearon como botín de sus conquistas sojuzgando pueblos en el proceso o con sucias maniobras financieras-empresariales. Y yo le repliqué “¿pero no habrá algo que hicieron que supuso una acumulación de esfuerzos, personas con inteligencia y mucha voluntad que terminaron a lo largo de los años por crear una tradición de excelencia que terminó marcando una diferencia y ganándose la admiración y respeto de buena parte del mundo?”

    Subestimar la dificultad de las tareas que implican el día a día (ser estudiante de una carrera universitaria, ser profesor, ser miembro del centro de estudiantes a cargo de (entre otras cosas) manejar una fotocopiadora) redunda en la destrucción de aquello que supuestamente constituye nuestra vocación (el aprendizaje de la filosofía por ejemplo). Todo tiene su dificultad y requiere de nosotros concentración, tiempo, esfuerzo, inteligencia, experiencia acumulada que debe ser adquirida, aplicada y conservada.
    Hay un llamado constante al reclamo de derechos, de transparencia, de igualdad y no de trabajo. Yo les pregunto tanto a los profesores de filosofía pero sobre todo a los estudiantes (que son los próximos profesores) ¿cuántas personas han leído en profundidad acorde a un ámbito académico la Crítica de la Razón Pura y todos los tomos de El Capital y las Investigaciones Filosóficas y la Fenomenología del Espíritu y Las palabras y las cosas? ¿A nadie le preocupa que la transmisión de la capacidad de lectura de esos y otros tantos libros fundamentales se pierda para siempre (al menos en el ámbito de la Facultad de Humanidades de la UNMDP)? Más pequeño aún: ¿Cuántas veces en todos sus años de estudiante o docente llegada la noche, antes de acostarse, quedan exhaustos de haber estudiado tanto durante todo el día? ¿Cuántas veces (y no sólo en período de exámenes) han estado seis o siete horas en silencio delante de un libro de estudio? “trabajemos, estudiemos, aprendamos, investiguemos, hagamos nuestra tarea.”

  17. ¿Qué es PMA?
    “(PMA. “¿de qué manera pensar esto que pasa?”)”

  18. Taller La empresa de vivir Responder febrero 16, 2011 at 8:47 am

    “PROBLEMA”

  19. Facultad de Filosofía o Letras
    Impresiones iniciales de las tribus humanísticas

    El primer cuatrimestre de primer año del profesorado en filosofía que actualmente curso estipula la cursada de tres asignaturas. Dos optativas e Introducción a la filosofía. Elegí Gramática e Introducción a la Literatura, que son a su vez, dos materias del primer cuatrimestre de primer año de las carreras de Letras. Como plus extra curricular (es decir, que no me toca cursar porque es de tercer año), asisto a los teóricos de Filosofía de la Historia.

    Seguiré un orden cronológico.

    Lunes 14/03/11, 10 a 12 horas. Teórico de Filosofía de la Historia. Lo que se percibe en el reducido grupo de estudiantes es abatimiento. La disposición era aquella que podría tener alguien que ha sufrido varias desilusiones. Rita Novo tuvo el mismo problema, en la misma clase, durante dos años consecutivos. Parecería (desconozco si es así realmente) que se llega a tercero habiendo leído muy poco de Hegel y Kant. La profesora Novo tuvo que dedicar durante la clase inaugural del año pasado, a la cual asistí, alrededor de una hora a dar unos trazos gruesos de la filosofía de Kant. Desde la distinción entre conocer y pensar “para adelante”. Este año estuvo más astuta, creyó que evitaría el escollo hablando más y abriendo menos posibilidad de preguntas para el auditorio. “¿A qué se refiere con que en Kant la razón está escindida?” No pudo.

    Lunes 14/03/11, 16:00 a 17:50. Teórico de Introducción a la filosofía. Todavía le pongo fichas a este teórico. Lo dicta Cecilia Colombani, ex-profesora de la cátedra de Tomás Abraham en la UBA. Autora de tres libros. Titular de Antigua. Dicta clases en la Universidad de Morón. Vive en Buenos Aires. Básicamente estuvo una hora y cincuenta minutos, tiempo en el cual se dedicó a explicar con exclusividad cuestiones programáticas (es decir: que podrían resolverse escribiéndolas en el programa y pidiendo/suponiendo que fueron/serán leídas): fechas de parciales, información de contacto, las sutilezas del régimen de promoción (-”6 en los dos parciales, de los cuales uno, aún no se sabe, puede que sea domiciliario”; -”¿El 6 es promediable?”; -”No, necesitan 6 o más en ambos parciales”; -”¿O sea que si me saco 4 y 8 no promociono?”; -”Así es, ¿más preguntas?”; -”¿Puedo promocionar en el recuperatorio?”; -”Si”; -”Y si me saco cuatro, ¿puedo ir a recuperatorio para sacarme seis?” -”Si, claro”; y siguió un rato más), etc. Dijo que la clase que viene empezamos con la lectura del programa (¿¡!?) Me dijo Mariano que cuando empiece a dar clase no va a decepcionar. No lo dudo. Mi pregunta es por qué no lo hizo ese primer día. En esas tres horas preciosas e irrepetibles que tenía disponibles. Ya escucho por alguna cabeza un coro de justificaciones defendibles, cual equipo de relaciones públicas contraargumentando y limando las legitimaciones de las cuales viven. Seguir leyendo, porque se viene la descripción de otra manera de hacer las cosas. O bien: otra manera, hacer las cosas.

    Martes 15/03/11, 8:57 a 12:00. Teórico de Gramática. Profesora Catuogno. Llegué tres minutos antes de que sea la hora. En Letras se vive como (tiene los costos de) llegar diez minutos tarde a una clase normal. Ya estaba todo el mundo sentado, anotando las fechas de los parciales. Catuogno en tres minutos resumió lo que ayer se había cobrado la vida de un teórico completo. Bueno, para ser justos podemos aclarar que Gramática no es promocional. En fin, a las 9 horas largamos. Ahí si que se siente lo de la palabra “carrera”. No me daban las manos para anotar. Dos horas y cincuenta minutos de clase cortados por diez minutos de descanso (“literalmente” 10 minutos). Etimología de gramática. Grecia. Gramática en Platón, Crátilo, etc. Los tipos de palabra según los estudios tradicionales. Los romanos y la conservación/transformación de la tradición griega. Diferencias entre latín clásico y vulgar. Invasión de los godos. Surgimiento de las lenguas romance. Notas Emilianense y Silense. Poema de Mio Cid. 1492. 1ª gramática del castellano de Nebrija. Las tres finalidades que perseguía esa gramática. Las tres etapas del estudio de la gramática (y a qué gramáticas da lugar cada una). Saussure y Benveniste. De Saussure: sus tres preocupaciones (¿qué le interesaba?) Distinción entre lengua y habla. Carácter biplánico del signo lingüístico. Noción de sistema. Sincronía. Sintagma/Paradigma. Oración. Para el hogar: textos a leer y adelantar los temas sobre los que se hablarán. Uff…

    Miércoles 16/03/11, 14 a 17 hrs. Práctico de Gramática.
    Elegí esta comisión por la profesora Cecilia Rivaben, quien no me falló en la secundaria y mucho menos lo haría en la Universidad. Tuve razón. No voy a repetir. Se trabajó, se practicó y se avanzó mucho.

    Miércoles 16/03/11 17 a 20 hrs. Práctico de Introducción a la literatura.
    En esta clase, menos poblada que las dos anteriores pude auscultar el espíritu del estudiantado de Letras tal y como lo hice en Filosofía de la historia con mis compañeros de vocación. A esta clase, además de llevar el sello de seriedad ya descrito, le agregamos un par de momentos conmovedores. Primero, la relectura de un poema a cargo de un compañero por indicación/intuición de la profesora (Cecilia Secreto creo que es su nombre) y segundo, el relato de la profesora de una situación que ella misma propicia como docente de los niveles inferiores.

    -”A veces escribo poesías en el pizarrón, por ejemplo esta de Pizarnik (lee). A veces no pasa nada, pero otras veces se arma un silencio, provocado por algún tipo de efecto producto de la lectura. Luego tienen algo para decir, les pasó algo.”

    Tenía la sensación de que la mayor parte de la clase seguía a la perfección los ejemplos que la profesora iba dando para ilustrar los distintos temas: Poe, El Aleph de Borges, El Túnel de Sabato, Pizarnik, Cortazar, etc. Pensaba esto: la gente de Letras se acercó a la carrera por una afinidad con esa materialidad que da nombre a su disciplina. La letra y sus efectos. Pasan cosas. La diferencia entre conocer y pensar o el juicio sintético a priori de Kant son el tipo de genialidades que podrían llevar a un espíritu curioso a estudiar filosofía en la Universidad. Despertar una vocación. Pero no. De ese abatimiento que mencioné se destilan motivaciones más bajas, mezquinas. La búsqueda de un sentido totalizador, y por ello mismo, abstracto y universal. En suma: impulsado por la voluntad de verdad. Algunas ideas. Armonizadoras. Tranquilizadoras. Placentera. Autobeatificadoras.

    La literatura como vocación se juega en la receptividad corporal de ciertos efectos de superficie que se dan en la lectura de ciertos textos. Son textos y efectos ciertos, pero no verdaderos. El contrato entre autor y lector de un texto teórico (¿filosófico?) parecería ser, en cambio, de verdad/falsedad. Pero la filosofía no sirve para nada. A lo sumo elige a unos pocos para que le sirvan a ella. La vocación filosófica se pasa de mano en mano, penosamente, y muy a pesar de la corporación filosófica, como quien debe encender una vela en medio de una nevasca poniendo así en riesgo la propia llama.

  20. Confirmo finalmente que los teóricos de Colombani son excelentes. Tengo un par desgrabados para el que los quiera.

  21. AVERGONZAOS
    Leo con repulsiva desatención la serie de COMUNICADOS (quien sepa oír que oiga) que dirigen “desde la toma de Facultad de Humanidades” un grupo de tomadores, borrachos de resentimiento, delincuentes comunes también, que usurpan el espacio público para imponer extorsivamente sus singulares pretensiones. Protestan por la transparencia de los concursos, literalmente. Han intervenido de hecho la facultad (un golpe institucional violento y autoritario que se viene sistemáticamente repitiendo desde hace años).
    Son, según los parámetros de la institución que agreden, estudiantes; pero algunos se mueven entre los becarios y hasta los docentes de la misma. Se les ha dejado llegar demasiado lejos. No son exactamente los culpables, puesto que la estupidez desprecia todos los límites. Las complicidades son densas: los que promueven, los que facilitan, los que apoyan o colaboran (¿y hasta los indiferentes?)
    Resulta ahora que algunos fueron denunciados y procesados y comprobadas fehacientemente responsabilidades y, para algunos casos, dictado una resolución sobre el fondo que impone una sanción, ordena una medida disciplinaria, eso es todo. Podría serlo…
    Hubo varias justificadas denuncias de agresiones iniciadas y abandonadas en el trayecto. Y desde mucho antes que la destitución por la fuerza (desde luego ameritó una toma) del director del departamento de filosofía y los consejeros docentes, por parte de los mismos que ahora toman la universidad porque en la toma del año pasado han agredido verbal y físicamente sobre personal no docente, que origino la denuncia…
    No sé si conseguirán una vez más salirse con la suya completamente (como cuando ¿tomaron la facultad? por la apertura de sociología de repugnantes registros, o cuando ocuparon de prepo el departamento de filosofía, igual que ahora, comunicando, con menos instrumental: no tenían facebook, ni blog). Tampoco si se aplicara la medida mejorarán sustancialmente las cosas, los más atentos ya ven varios cercanos, celosos de transformarlo en oportunidad personal. (¡Estos “representantes de todxs” no consideran ni al compañerx!)
    El problema está en otro lado: en la sorda conciliación y el compromiso y la aceptación naturalizada para que esta acumulación atroz de más de una década venga todavía hoy a comunicarnos sus exigencias. “Mocoso maleducado largate para tu casa y no vuelvas si no sos otro; tomate por lo menos un año” se le debió haber contestado ya hace más de una década. No darle bola, sino un sopapo, porque ahora o en la próxima van a terminar presos. ¿Hasta dónde? Las autoridades, y los compañeros de curso también: “Callate sin vergüenza, andá a estudiar y dejanos en paz que venimos a clase”. ¿Hasta cuándo? Por eso, decía, no son los culpables, los culpables de que la universidad sea un nicho, es decir, un depósito de cadáveres; de que esta universidad de humanidades se haya vuelto este nicho.
    Cuando la canallada es tan ostensible, no se puede argumentar y entonces ¿cómo nos libramos de ella? ¿Sirve recordar que 6 años atrás los que hoy por ‘comunicado’ número nueve forman una “comisión para derogar el régimen disciplinario estudiantil” pretendían que se me aplicara a mí, que intentaran una denuncia contra mía, en la que “conforme al régimen estudiantil” solicitaban me expulsaran? Desde luego, no pasó nada; ni recibieron la denuncia, porque lo que presentaban no superaba el nivel del chisme; yo tengo una copia de casualidad, en la fotocopiadora los atendió justo alguien que me conocía y vio mi nombre y sacó una copia de más y me la dio. Así me enteré!
    Yo me muero de risa ¿pero sirve? ¿Es mejor hacer notar que no tienen hasta ahora ningún motivo “para derogar” más que el perjuicio actual de algunas personas? ¿Hace falta recalcar que no poseen ninguna autoridad para derogar, ninguna capacidad para exigir, ningún derecho para bloquear la entrada, las clases, los exámenes, ¡de nuevo! en la facultad? ¿Sería mejor atacar la tendenciosa idea de que se trata de “luchadores” y sugerir por ejemplo que en lugar de ‘clases públicas’ o en sus ‘comunicados’ nos informen, correspondería si fuera el caso, el nombre de los héroes y el relato de sus hazañas?
    Yo aspiro a que esos representantes que hablan en nombre de todos, que actúan anteponiendo como justas sus causas, sean humillados y abatidos en su orgullo, su vanidad denigrante: “avergonzás a toda la comunidad, te arrastraste hasta acá pero estás listo, te descubrieron. Retirate.”

  22. El bulín, el buró y el bondi

    Todo empezó con el chiste que decía:
    Lo tuyo es mío, lo mío es mío.
    Pato trabaja en una carnicería, Moris

    Con el fastidio que me causa, contra el aburrimiento que me provoca y desde la vergüenza que me da, vengo a aportar mi crónica sobre el presente de la filosofía local, a partir de lo sucedido con la designación del director de departamento en la facultad de humanidades marplanauta, que luego de lustro y medio vuelve a ostentar. Resultó designado José María Gil, Girdi, que entró a filosofía por el lado de la lógica con Comesaña; años atrás estaba de profesor en Lingüística, porque su formación ha sido en Letras; luego creo que hizo alguna especialización en filosofía; estaba interesado, hasta donde sé, en neurolingüística; y ahí va. Porque en filosofía estamos fritos. Fíjese si no será así que el rival en la elección, pues hubo apenas dos propuestas, era (“ni más ni menos amigos de fpt”) Graciela Fernández.
    Graciela Fernández, no la Meijide, sino la gorda, como le dicen, la cónyuge de Maliandi, el viejo. Para quien más o menos conozca mis testimonios, es la misma promotora y coordinadora y voz furtiva de Ágora Filosófica, brazo (… o pata… o garra) intelectual (pretende) del cuerpo desmemoriado que se llamó Asamblea de Filosofía, hoy Colectivo de Filosofía, básicamente un grupito de fascistas cuyo objetivo es promover a Graciela Fernández como directora del Departamento, proteger los cargos y administrar los honores de Ricardo Maliandi, y transar para acomodarse, su conveniencia personal. De allí, la necesidad de estar desmemoriado: algunos desaparecen durante años y retornan a escena, otros son expulsados o escrachados, varios se acomodan y toman distancia, miran distraídamente como quien no sabría qué decir, como si no fueran ellos… (Desde sus comienzos estoy enfrentado a esos operadores berretas –pues yo soy anterior a su aparición; en soledad, de vez en cuando encuentro algún aliado de ocasión. No me quejo, no los preciso, jamás me he “organizado”. No necesito de los otros para estar en contra. Para decir que en nada se interesan por promover derecho de estudantes, sino sólo de algunos docentes y graduados. He tratado de construir con otros para hacer cosas puntuales; desde el 2007 por ejemplo, el taller de la empresa de vivir. El año pasado hablando con Facundo Marin y Mercedes, nos propusimos hacer el taller lectura de la genealogía de la moral, pero no llegamos a ninguna parte; tras un encuentro exitoso naufragó y se abandonó al quinto intento o sexto.)
    Son quienes han instalado y desarrollado una maquinaria de impedir cualquier actividad, y los medios empleados al efecto son perseguir, amenazar y difamar. Luego apelan al papel de víctimas y hablan de sí como los pobrecitos, los despojados, los perseguidos. Pero también apelan a un papel como la rebeldía, la antigestión, aunque son todos de la gestión, sus pesados currículum son a base de estar de gestionadores de la cosa universitaria. Desde hace más de una década.
    Estos son los mismos que produjeron el golpe institucional del 2007, por el que renunció quien a la postre resultó el último director del departamento, Manolo Comesaña. Por eso, la facultad de filosofía salía en los diarios… en La capital, 19/07/07: “Denuncian que impidieron la sesión del consejo académico en humanidad” recoge la declaración de Comesaña, previo a su renuncia; 21/07, responden los de la asamblea: “Reclamamos por presupuesto para nuestra carrera”. Digo que fue un golpe porque lo obligaron a renunciar y querían hacer (¡y lo hicieron! ¡y se lo permitieron hacer!) funcionar las reuniones departamentales con la mayoría automática de alumnos y el graduado. Por entonces, un líder de la secta era un tal Eduardo CuloSolo que se estimulaba en nombre del órgano democrático asambleario, a “relevar el estado actual de los trámites de concurso solicitados” con el fin de “posibilitar mayor participación docente en el cogobierno”. (“Informe Departamento de Filosofía. 25 de Agosto de 2008”) Recién llegaba Sonia López Hanna, una pibita que pobrecita pudo haber sido un poco mejor. Yo la conocía bastante, hablé con ella en varias ocasiones, previo a su conversión que habrá sido en el 2004, la presencié más o menos porque cursábamos un seminario de teorías de la verdad y todavía estaba viendo qué hacer, si involucrarse en la secta o no. Algunos años atrás, una vez, en aquel antro que es el Cru (antes de que me vedaran el ingreso) la tuve un rato a upa y la besé en la boca. Tomaron la carrera como Pancho por su casa y “comunicaban” en agosto de 2008 que “se ha comenzado a desarrollar un trabajo de regularización de la carrera”, lo que significaba repartirse todos los cargos que se pueda con registros interinos truchos. Que fueron truchos basta ver: quiénes designaron de jurados, quiénes nombraron a los jurados, quiénes fueron designados en los cargos: todo en familia, patria y propiedad. Por aquella destitución de facto y esa asunción del poder, cuando había motivos para expulsarlos, les concedieron demasiadas cosas. Los maliandistas fagocitaron sociología con esos registros. Muchos de estos escuerzos deberían estar presos, fumando hasta reventar, pero acá en el mundo al revés se convierten en profesores. ¡Me imagino lo que enseñan! Qué peligro cuando quedan encerrados en el aula los pichones de gente con estas víboras cascabeleantes. Ya han filtrado su veneno en todos los niveles y en todos los órdenes, público y privado. Esto me aburre y fastidia.

    A la sesión en la que se nombró director a José Gil, el 26 de mayo de 2014, no fui, pero me llegó por mail cuatro microvideos con la perspectiva de los del Colectivo a los que se los ve de muy cerca porque están todos juntos como cristianos espantados, acusando, pero nunca de frente, nunca a los ojos. Se la encuentra en su página que se llama Colectivo de filosofía y la entrada es “Y si te cabe alguna duda”. (Estaría bien que alguna vez ellos mismos u otros modifiquen el ángulo de observación: que se los pueda ver ocupando el espacio, sus cuerpos, sus gestos, no sólo escuchar sus expresiones resentidas.) No la soporté toda, vi hasta donde pude. Igual no está toda, está las partes que a algún anónimo de entre ellos considera relevante.
    Empieza que no se entiende nada para quien no está empapado, engrasado, de los asuntos que llaman “públicos”, porque su concepto de público es los rumores, el pasillo, las aulas, las cadenas de mail, tu tiempo y tu trabajo. Comienza una “estudiante” representante de la mayoría por los estudiantes, leyendo una nota que considera de “suma importancia” por lo que pide “muchísima atención”. Y trata precisamente de un mail que circuló y ante el que, invocando cargo, expresa en nombre de su grupo su “profundo repudio” y que alcance a esta “alta casa de estudio”… (insoportables ¿quién habla así? ¡qué mal que lee!) ¡para que todos firmen esa misma nota! ehhh… mmm… (desconcierto.) Pero cuánta grandilocuencia y ampulosidad para disimular que se trata de su antojadiza insignificancia, gesto harto recurrente de la mala conciencia. El uso de palabras que funcionan de fuelle: más inflan y están más vacías. Y atrás otro apoya (¿qué hace lejos? ¿Están por todas partes?) y aporta su propio repudio por ese “ataque (?) vergonzoso y aberrante e indignante y humillante” (¿no te olvidaste un adjetivo?) a través de las redes sociales a “dos profesores que son parte de la carrera como Graciela Fernández y Ricardo Maliandi”…
    Ahí me voy a detener, porque no se entiende y porque hay cosas que decir. Por empezar, que tales profesores son tan parte de la carrera como el montón de los otros profesores que reciben permanentes agravios, son vigilados, montadas escenas en torno a ellos, son objeto de denuncias, insultos, persecuciones, por parte de estos “estudiantes”. (Veáse su blog para comprobar que es cierto, que esas son sus prácticas.) Le pongo comillas a su mote porque no designa la actividad de vida (generalmente no lo es, pues la mayoría de esos “estudiantes” odian estudiar y envidian a los que estudian) antes bien una posición en la burocracia neoliberal, por desjerarquizada, que habla de horizontalidad, transversalidad, etc., y que es una condición de existencia para estos hombres y mujeres semi-monos (¡pobres monos!), condición necesaria aunque no suficiente. La otra condición es la existencia de un espacio público que no le preocupa demasiado a nadie, de manera que estos pudieron, con desfachatez, por asalto, hacerse dueños, confiscarlo al público. Creen que les pertenece con exclusividad. Otra cosa para decir es que esas filmaciones que nos muestran (para quien quiera dirigir la atención) su propio accionar o esos relatos anónimos que tejen conspiraciones, cristalizan en resentimiento y exponen una conducta que a mi gusto obliga, me fuerza, a mantenerme distante, enfrente, rechazándola, son autoincriminatorias. Creo, en resumen, que sus producciones, sus textos y sus imágenes, estáticas o en movimiento, los expone. Y a veces cometiendo delitos. Así de burdo. Por lo demás, conozco personas echadas de la facultad por estos impresentables y hay extorsionados y quedan sobre todo perseguidos. ¿Quieren leer de eso? Síganlos por facebook. Yo, lo evito. Creo, además, que (aquí como en tantos ámbitos y tal vez aquí antes que en otros más dañinos) reina la impunidad. Pero ello no es obstáculo para que lo que se puede ver no se vea: que (me siento Fito) dan asco.
    Ahora bien, a mí por ejemplo (y otros se manifiestan ahí en igual sentido) el mentado mail, cuyo firmante es Heráclito de Éfeso, no me había llegado. Después lo pude leer y conseguí que me lo reenviaran a mi correo. Sin embargo, sabía de su existencia porque el 23 de mayo entró a mi casilla de correo otra de sus desplumadas notas asentando el repudio de la asamblea por este mismo asunto con el título “La vulgaridad del mal”, a la que también puede olfateársela en su blog (que huele a podrido). En lo personal, y por regla no leo esa clase de mensajes, pero viendo que escrachaban allí a mi amigo Facundo, leí más o menos y en seguida me solidaricé con él. Resulta que ahí lloraban por ese hecho público de un “mail difamatorio” que vinculaba a Ricardo Maliandi con la dictadura. E ilustraba con una foto tomada por el Colectivo de Maliandi sentado sonriendo a la cámara mostrando un afiche de Videla. La foto está trucada. Todo el mundo lo nota. como las que diagraman ellos. tal vez el anónimo sea uno de ellos, despechados. todos se parecen bastante pues se mueven en las sombras, ligeros.
    En la foto real, Ricardo Maliandi participaba en una entre otras de las campañas contra profesores de la facultad que son parte de la carrera, sosteniendo el cartel de la operación que “exigía” con su emérita y anciana sonrisa, él, justo él, “basta de acomodados en filosofía”. Y resulta que la famosa ignominia que tanto les aflige es… que les taparon su cartel y se lo cambiaron por la foto de Videla. “Con la intención de ocultar la denuncia del colectivo a la gestión” (Me muero de risa). Pero en la realidad a las orquestaciones se les notan mucho los hilos para quedar envueltos en la trama. La operación Maliandi y la dictadura se documenta con un hallazgo que publica la Revista Dialéctika de Agosto de 2010, de las actas de un congreso de filosofía en Mar del Plata en las que el discurso de clausura fue pronunciado por el entonces presidente Jorge Rafael Videla. Y resulta que allí también fue expositor Ricardo Maliandi, entre muchos otros, quien aportó su monografía “Crítica y conflictividad” sobre su única idea. Lo comprometido del profesor Maliandi, resaltan los editores de la revista, está en el esfuerzo que pone por hacer entender que, y lo citan, “la actitud crítica es una actitud de mesura” porque “la desmesura es despreocupada e irresponsable ruptura de la armonía” y por eso “el genio helénico la condenó como hybris”. Así hablaba el “queridísimo Maliandi” en 1980, mientras que los militares argentinos hacían lo propio a nuestra “desmesura” mediante la desaparición y la tortura.
    Este es el hecho, una exhibición de carpetas. Ahora bien, no me parece aberrante ni precioso. Tiene el valor que tiene, que no es muy importante, pero está ahí. Aporta para revelar quién es. ¿Alguien no lo sabía, o bien qué pensaba? Otro ser ambiguo respecto a la época más siniestra de la Argentina. Si uno busca en internet no es fácil saber qué hizo el viejo en Alemania mientras estudió su doctorado o de su actividad filosófica durante la dictadura en los 70. Personalmente, con mi somera pesquisa no llegué a nada. En Wikipedia tiene su página (¡Graciela Fernández también!), pero no informa nada. Evidentemente la administra él con alguno de sus alumnos. También hay una entrevista de Nora Bustos en la que cuenta algunas cosas, nada concreto. Por ejemplo, ¿cómo obtuvo la beca que le permitió seguir dos años más en Alemania para su doctorado? A mí me contó uno de los viejos profesores que supervivía de sovietólogo allá en Maguncia, en plena guerra fría. Lo que traduje como servicio de inteligencia, interpretado como buchón cazacomunistas. Y parece que esa experticia después le sirvió para pasarla bastante a gusto en el país… Recuerdo que allá por el 98 ó 99 habían aparecido unos afiches que jamás logré ver, firmados tal vez por algún seudónimo también, donde se preguntaba “¿Usted sabe quién es… Ricardo Maliandi?” Épocas de carpetazos también. Y contaba a través de un somero y descuidado currículum vitae que el emérito doctor fue y es, en síntesis, un bicho, que está podrido.
    Sintetizo porque hablo en esto de lo que no vi y me dijeron que vieron. Fue hace mucho, no lo recuerdo, ni me he puesto a preguntar sobre eso. Espero no tener que hacerlo. Recuerdo, en cambio, y lo vi, que fue ése uno de los argumentos expuestos de la formación de la Asamblea de Filosofía. ¿Quién es Ricardo Maliandi? “Un divino”, “nuestro queridísimo” gimoteaban. Porque lo que quieren – deliraban; no obstante perciba la lógica y extrapólela – es nombrar a Tomás Abraham en filosofía contemporánea y con la maestría online quieren privatizar la facultad… Entonces, se reunieron “todos los estudiantes” para formarse en la Asamblea. No existía eso antes. Ahora me parece que aceptan ese origen (califícalo), hace un tiempo lo negaban. Pero en sus mails hacen reseña de la cantidad de veces que han salido a defender a Maliandi y a Graciela Fernández. Lo que niegan ahora, en cambio es ser Asamblea, porque son el Colectivo. En realidad son los mismos adocenados y boludos que – y lo dejo para analizar en otra ocasión – no sé por qué se amontonan en filosofía, siendo la reina como es: tan exigente y hermosa. Yo estaba entre ellos, me acuerdo. Iba a las reuniones. Pero les decía que nada que ver, que yo estaba cursando con Abraham, que ojalá él quisiera venir, pero no, no lo iba a hacer, le tiene miedo al avión, protestaba todas las semanas, no veía cuándo terminar… Que en contemporánea no había clases, eso era así. Los alumnos nos repartíamos filósofos. Algunos elegían a alguno que conocían. Yo dí Bergson a mis compañeros. Y otro me dio a mí Sartre, otro Stuart Mill y así, una porquería: encima, el tipo es sordo, o sea que podía pasar cualquier verdura y nadie iba a decir nada. Todos con 9 ó 10 al final del año. Personalmente, opinaba que sacar a Maliandi de Contemporánea no era una mala idea. Este matrimonio, ocupaba como hongo la carrera: moderna, contemporánea, gnoseología, ética, o sea, tenían a cargo la mitad de la currícula, y no son buenos profesores; por otro lado Arias en seis materias… ¡otros aires hacían falta! Los muñecos originarios me decían que me equivocaba, que era ingenuo, que Tomás Abraham quería ganar plata en Mar del Plata. De hecho, mientras, se juntaron, Graciela Fernández escribió una nota en nombre de “todos los estudiantes” para leer en una reunión del Académico, creo que fue la primera vez que filmaban, su más antigua filmación (si se conserva). Entramos todos, Gustavo Salerno un poco en estado de pánico, todavía con pelo, leyó la “denuncia”, indignado porque nos querían sacar a una eminencia y hacer entrar por la puerta chica a un opinador mediático. Y la estrategia era que todos los estudiantes escribían eso y yo lo oí y no pude resistir decir lo que pensaba que fue: “a mí no me parece eso”. O algo así. Si existe la filmación se podría corroborar. En fin, resultó al final que desplazaron a Maliandi y vino Cabanchik, que al principio tuvo que soportar las protestas y las quejas de estos “estudiantes”, pero se las arregló bastante bien. Consiguió novia, acomodó algún pollo y se fue de senador. Sería otra historia.
    Para terminar la crónica de esa instancia de elección de director que vine a describir: a nadie le interesó dar un tratamiento a esa nota de los estudiantes. Era una operación para evitar que se lleve a cabo la elección, porque sabía que pedían, porque los votos son 7 y las operaciones se elevan al cuadrado, de modo que los resultados son cantados. Como curiosidad señalaré que estaba también la candidata entre el público. No se la ve. Pero tampoco se la escucha. Aunque me entero que emitió un discursillo que no aparece en los videos que publicó el Colectivo. Lo que sí está es el extenso alegato de un sectario visto de cerca y de costado en un ángulo de abajo hacia arriba de 75° ponele, que es hartante y me pregunto ¿Esto es libertad de expresión? Esto es impunidad, habría que cobrarle por estupidez completa pronunciada, así se calla para siempre. Hay que ver qué gente maleducada. Y qué pretensiones. encarar así un proyecto de democratización de la carrera, de regularización de la carrera para que los docentes puedan participar de la vida política y además la precarización del trabajo de los interinos… y además el vaciamiento, y además el proyecto produce una salida laboral para un sector que es el sector de los graduados… y ahí no más que “el proyecto pone en cuestión la producción del conocimiento filosófico hoy en día, y sobre todo que liga a la filosofía con el afuera ¿no? eso tan importante. Porque parece que estamos acá en la academia (¡escuchá!, no tiene idea de lo que habla), que producimos conocimiento para el gran capital (sic, pfffff) y qué pasa con lo que nosotros venimos a estudiar…” no, chabón, vos no producís nada más que vergüenza, vergüenza que alcanza a toda la especie. Yo los detesto a cada uno, ni hace falta aclararlo. Y me avergüenza que sean colegas ¡justo en filosofía! a la que admiro tanto; siempre tengo que andar aclarando “soy de filosofía pero no tengo nada que ver con los de filosofía… es más, los detesto”.

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